10 beneficios de la Belleza en el arte

La experiencia de la belleza es al mismo tiempo biológica, emotiva, intelectual, moral y estética. Es un ingrediente imprescindible en el anhelado arte de vivir.

1- La belleza es armonía y por tanto salud y vida frente a lo que nos destruye y enferma. La belleza, sea en la naturaleza o en la creación humana, como expresión de la armonía, (unidad en la diversidad) favorece todo lo que une, creando vida frente a la muerte, salud frente a la enfermedad, amor frente al odio, concordia y amistad entre las cosas y los seres frente a la descomposición y el caos que destruyen.

2- Activa el optimismo. La proximidad de lo bello tal vez no puedo hacer desaparecer todo lo desagradable de la vida, pero nos hace pensar que otro mundo mejor es posible.

3- Despierta el amor a la vida. Es un estimulante que refuerza nuestros vínculos con el mundo. La belleza nos habla de que la vida no es un caos sin sentido, sino que posee un orden implícito y un significado.

4- Reduce la sensación del dolor y fortalece el sistema inmunitario. La psico-neuro-inmunología ha demostrado que el sistema inmunitario es sensible a factores como la belleza de las artes plásticas y de la música.

5- Activa nuestro hemisferio derecho, creativo y simbólico, fortaleciendo la inteligencia emocional.

6- Nos ordena y reconstruye interiormente. Armoniza la mente y los sentimientos. Nos permite olvidar temores y problemas triviales que nos intoxican cada día.  Tiene el poder de cerrar heridas y ayudarnos a regresar a nosotros mismos.

7- Activa la sensibilidad estética ampliando la riqueza de matices que reconocemos y experimentamos en nuestra vida. Da profundidad a la experiencia humana y enriquece nuestro mundo interior

8- Nos inclina hacia la serenidad y el bien. Lo bello es el aspecto visible del bien, dirá Platón. Cuando percibimos lo bello, se activa en nosotros la misma región cerebral en la que tienen lugar las valoraciones y las lecciones de orden moral.  Impulsa el espíritu hacia nobles inclinaciones elevando nuestra conciencia en el edificio de la psiquis humana: del sótano a la terraza.

9- Crea espacios que favorecen la convivencia y la concordia.  La belleza baja el nivel de agresividad y hostilidad.

10- Un momento de belleza detiene el tiempo y derrota por instantes a la muerte.

Miguel Angel Padilla Moreno

Beneficios de la belleza en el arte

El necesario reencuentro entre el arte y la belleza.

La necesidad de las humanidades, y de la cultura en general, como imprescindible elemento en la configuración de la sociedad, se está poniendo cada día más de relieve, pues la tecnología nos desborda y pone de manifiesto la importancia del factor humano que, en definitiva,  es el que ha de dar buenas finalidades y contenido al uso de tantos y tan sofisticados medios.

El nombrado factor humano es clave en todos los grandes desafíos que afrontamos. Se trata de nosotros, de cada uno como persona, de su calidad humana, la que se forjaba a través de la amplia cultura que aportaban las humanidades.

La necesidad de la formación humanística la pone de relieve el hecho de que cada día hay mayor desconcierto en cuanto a medios y fines. Tenemos una gran proliferación de medios, pero no acabamos de tener claros los fines. Tenemos sistemas de comunicación, sistemas económicos, sistemas productivos, sistemas educativos, sistemas políticos, medios, en definitiva.  Pero ¿cuál es la finalidad de la comunicación? ¿cuál es la finalidad de la educación, de la economía, de la política.? Estas no dejan de ser preguntas importantes.

El Arte no se libra de este desconcierto.  ¿Qué es el arte? ¿Para qué sirve? ¿Es un mero adorno superfluo en las verdaderas e imperiosas necesidades humanas, una vía más de comunicación de nuestras emociones, un objeto mercantil? Seguramente tendremos tantas respuestas como personas porque el Arte es quizás el que más ha sufrido la ambigüedad y pérdida de identidad de nuestro tiempo.

Hoy el arte pone el énfasis esencialmente en la creatividad. Conceptos como innovación, cambio, reinventarse… están constantemente en el objetivo de la mayor parte de los artistas, empresas y proyectos sociales. Ciertamente la creatividad, esa capacidad elástica de la imaginación, es necesaria, pero no deja de ser una herramienta, y como tal ¿al servicio de qué la ponemos?

A veces la llamada obra de arte trata de justificarse únicamente por su propia creatividad, por su capacidad para sorprendernos, por su novedad, sin buscar mayor trascendencia que esa originalidad, que obviamente, al poco tiempo ya tiene poco de original.

En otros casos la creatividad está al servicio de un mensaje, una idea o un sentimiento. Sirve como canal de expresión y comunicación entre lo invisible, la imagen interna del artista, y lo sensible, la obra plasmada.

Pero ¿dónde queda la Belleza de la que nos hablan los clásicos y que dio nombre a las llamadas Bellas Artes? ¿Qué fue de aquellas creaciones donde el contenido y la forma bebían en las mismas fuentes de la belleza?

Sin Belleza, ya sea en la idea o en la forma, la obra de arte ya nace muerta, es un cadáver en descomposición. El arte sin belleza no es sino un conjunto de formas, como un intento de construir vida con fragmentos de seres muertos.

La palabra Arte etimológicamente viene del término Ars romano (la Techné griega) y es la habilidad para saber hacer algo. Pero la habilidad de hacer desprovista de belleza se desgaja de la cualidad constructiva de la vida, ya no nos reconstruye, nos destruye, no nos sana, nos enferma. Porque la belleza nos habla de los misterios de la unidad y la armonía que sostiene la vida y cuyo origen, como trasmitiera Platón, se halla en los mismos inicios de la creación del universo.

Tal vez nos pueda costar mucho tratar de definir la belleza, pues, por su naturaleza irracional, se nos escapa entre los dedos de la mente racional y discursiva. Pero no importa,  más allá de esa razón hay una sensibilidad más o menos activa que la reconoce, una sensibilidad ante la belleza, una sensibilidad estética.

Lamentablemente no contemplamos una obra de arte desde el corazón, para sentirnos conmovidos o no, sino desde montañas de prejuicios y argumentos. Y así, poco a poco, se va perdiendo la sensibilidad de percibir y vibrar con la belleza que solo es reconocida por el alma que “habita el corazón”.

El corazón despierta a la belleza cuando se enamora, o ¿ se enamora porque despierta a la belleza? Sea como fuere es el amor lo que va desentumeciendo la sensibilidad estética.

¿Que sería del ser humano si perdiera la capacidad de percibir y reproducir la belleza? ¿se alejaría igualmente del amor a la verdad, al bien o la justicia?

¡Qué maravilloso sería que el arte no solo pusiera alas a nuestra imaginación sino que se las devolviera a nuestra Alma-Corazón, aquella que se reconoce en el Bien, la Verdad y la Belleza!

Miguel Angel Padilla Moreno

Imposibles

“Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible”

Es común observar como ante la adversidad- y ahora parece que las dificultades arrecian- la inercia del derrotismo nos lleva demasiadas veces a decir “no puedo”.

El detenerse en lamentaciones constantemente, el buscar siempre responsables causantes de nuestras desgracias, si bien es algo que nos parece natural, no nos ayuda precisamente a enfrentar el futuro con las riendas de nuestra propia vida.

Demasiadas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos nuestros propios límites a pensar de entrada que no podremos lograrlo.

Hay una actitud diferente, una actitud optimista y positiva que tiene una gran confianza en uno mismo y en la vida. Que no teme las dificultades pues las asume como parte de la vida aprendiendo  de ellas, y que sabe hallar fuentes de satisfacción en lo que uno tiene y en los que nos rodean, más allá de lo que los demás llaman éxito. Se trata de una actitud abierta que por optimista sabe reconocer las oportunidades

…Pero tener verdadera convicción en nuestros sueños no es lo más usual, más bien nos están inundando de incertidumbre sobre todos y por todos.

En verdad creo que una buena dosis de de juventud e idealismo cuando impregna la vida la vuelve dúctil ante nuestros pasos.

Si estamos firmemente convencidos de que tarde o temprano llegaremos a donde queremos ir, y actuamos con ese espíritu de victoria, habremos hallado una de las llaves del verdadero poder interior. Más allá de los miedos y temores parecer ser que hay en nosotros un poder interno esperando a ser reconocido, una fuerza insospechable que se abre paso a través del optimismo.

Miguel Angel Padilla

Buscar la verdad

Decia Goethe:
“El amor a la verdad se manifiesta en la capacidad da hallar y apreciar lo bueno en todas partes”.
¡Qué lejos estamos hoy día de hacer esto realidad!
Cuantas veces se disfraza de búsqueda de la verdad ese afán inquisitivo y morboso que empuja a tantas personas, especialmente en el ámbito de la comunicación actual, a hurgar buscando todo lo malo y escabroso, sea real o imaginario, convirtiendo en noticia o tema de conversación tan solo lo que despierta repugnancia y rechazo ante el “público espectador”. Y cuando no hay nada negativo que destacar se inventa o insinúa, o finalmente se abandona como hiciera la hiena que no huele a carroña.
¿No ha calado demasiado esta actitud en nuestro tiempo?. De hecho creo que cada vez más, a todos nos cuesta creer algo positivo de nada ni de nadie.
El amor a la verdad no puede mirar para otro lado cuando hay injusticia, pero busca la justicia para alzarla como ejemplo.
El amor a la verdad no puede hacer oídos sordos a la mentira y a la crueldad, pero busca palabras amables y gestos de amor.
No puede fascinarse con espejismos, pero trabaja por convertir la opinión en conocimiento.
El amor a la verdad no puede ser insensible a lo repugnante y grotesco, por eso busca la belleza y tiende a potenciar todo lo bueno.
Verdad sí… pero con amor.
Amor a la verdad

Miguel Angel Padilla

Lo duradero

Al querer comenzar a escribir sobre valores que nos humanizan, de valores universales que nos permitan reflexionar sobre lo verdaderamente importante, me he preguntado por cual de ellos empezar, que cualidad podría estar de entre las primeras.

Es difícil decidirse pues cada valor tiene su importancia, así como la tiene el hecho de que no se den aislados sino reforzándose unos a otros. Pero de entre todos los valores que podemos reconocer como válidos para toda la vida y para todos los seres humanos, tal vez sea precisamente eso, lo perdurable, lo duradero, lo que no lleva la etiqueta de “usar y tirar” lo que necesitemos comenzar resaltando.

Nuestro tiempo se caracteriza por todo lo contrario, por el cambio continuo, por la búsqueda de novedad, por la comida rápida, el amor rápido, los resultados rápidos… y por lo mismo los fracasos rápidos. Basta con parecer (que es más rápido) en lugar de ser (que es más lento pero duradero).

No se trata de una actitud de desapego que deja que las cosas fluyan sino de un apego a lo cambiante a lo superficial que nos desarraiga de nuestro propio ser. Lejos estamos de aquella actitud de viejas civilizaciones, que buscaban en todo lo que hacían y construían su duración en el tiempo.

Sin embargo las cosas que realmente pueden cimentar la felicidad y realización humana tienen vocación de perdurabilidad: nobles ideas y sentimientos, buenas relaciones, valores edificantes…

Se me ocurre que tal vez sea esta una buena forma de comenzar por cambiar las cosas, por enfrentarnos a un mundo que queremos hacer mejor: comencemos por revalorizar lo estable, lo duradero, lo que nos pueda servir para mucho tiempo. No se trata entonces de tener muchas cosas, de sumar viajes, personas en el correo electrónico o sentimientos sino que sean de calidad, buenas y duraderas. Elegir al adquirir algo lo útil y duradero, buscar amistades duraderas, elegir palabras duraderas, soñar sueños duraderos, caminar senderos duraderos…

Tal vez el espíritu humano busca reconocer su inmortalidad a través de lo que vence al tiempo. O sencillamente algo me dice que la calidad, lo válido está  aliado con lo duradero. En cualquier caso es una buena economía natural (muy válida en tiempos de crisis por otro lado) que no vuelve insaciable al ser humano.

No es una mala opción: reconocer lo que pasa, lo que se lleva el tiempo, sin más drama, para  elegir y fortalecer lo perdurable.

Miguel Ángel Padilla

Gobernador de ti mismo

Vuelven a alzarse pancartas que nos reclaman Justicia recordando que no habrá paz sin justicia social, y tal vez no les falte razón, pero no podemos olvidar que para que haya justicia social es imprescindible una ética individual, no solo leyes y sistemas justos sino auténticos valores humanos conduciendo el corazón de quienes han de vivirlas y aplicarlas, especialmente en los gobernantes y responsables sociales de cualquier nivel.

Y esto ¿cómo se logra? Difícil respuesta, yo al menos no lo sé, pero sí sé que no se logra únicamente con decretos, ni armas, ni discursos.

Tal vez yo no tenga aparente poder para hacer del mundo un lugar más justo, pero si puedo hacer de mi propia vida un territorio personal de concordia que contagie a los territorios vecinos, un territorio donde pueda levantar una bandera que no delimite fronteras, sino que alce sueños visibles y altos para quien quiera compartirlos, (mi bandera sería tricolor, de voluntad, de amor y de Inteligencia).

Yo si puedo hacer de este espacio, pequeño pero real, el territorio de mi vida, un lugar donde ser justo, honesto y bondadoso, valiente, responsable y veraz. Y puedo elegir a quien quiero que lo gobierne, y con qué programa educativo, con qué medidas saludables y con qué política de consumo. Puedo elegir a mis ministros y consejeros… incluso proclamar a los héroes de mi pequeña patria, este territorio de mi propia vida.

Tal vez no consiga cambiar el mundo, es lo más probable, pero en el peor de los casos podré ser el gobernador de mi mismo… y seré feliz.

Miguel Angel Padilla

El Sol en el horizonte

Amanecer – Atardecer.

He visto amanecer muchas mañanas y la espera a veces te sorprende, pues los primeros rayos, después de la aurora, no se anuncian con ruido. Cuando casi no se espera, atraviesa la infinita distancia un haz de luz que se clava en la mirada, y el inmenso horizonte comienza a revelar sus reflejos ante el impacto del sol.

También veo atardecer, y es serena la espera pues sabemos que sobrevendrá la noche y su velo de sueño.

Pero hay un momento en ambos pasos que si los detenemos en su trayectoria no los sabríamos reconocer. ¿Amanece?, ¿anochece?.

Tal parece suceder cuando el “sol de la civilización” está en la línea media del horizonte. ¿Hacia dónde vamos? ¿Son los colores vivos de ideales y utopías reclamados, señal de un nuevo amanecer de tiempos mejores?, ¿o es su brillo ante la presentida noche, que en la  nostalgia eleva un último canto y se presta el sueño y al misterio, mientras su helado manto se apresura a ocupar su trono entre los hombres…?

Solo el hombre sabe apresar el sol en su farola, para alumbrar la oscura noche.

Miguel Angel Padilla

Ante el 15-M

Los  que vivimos la transición echábamos de menos las generaciones de jóvenes rebeldes que quieren cambiar el mundo.

Todo tiempo histórico necesita el saludable revulsivo de las crisis que ponen de relieve las propias miserias y carencias y nuestro tiempo necesita un viraje importante si no queremos que todos los ideales civilizatorios que lograron las generaciones que nos precedieron se hundan en los vertederos de la especulación y el mercado de la dignidad humana.

Es necesaria una revolución profunda, o como diría Mayor Zaragoza una evolución. ¿Pero no hemos pensado que nos podemos equivocar una vez más creyendo que la solución está en cambiar solamente  el sistema? El sitema puede mejorarse en muchos aspectos pero los sistemas los corrompen las personas, sin personas íntegras con valores profundos cualquier sistema servirá de marco para la corrupción y la explotación del hombre por el hombre.

Necesitamos una revolución ética y  humana que ponga de relieve lo mejor de los individuos y lo potencie. Y una revolución así se hace, además de con la reivindicación,  la denuncia y la palabra, con el ejemplo.

Seamos rebeldes e íntegros.

Miguel Angel Padilla

Mente y corazón

Que razón tenía  Schiller cuando escribía en su carta para la educación estética del hombre:

“El camino que conduce al intelecto ha de abrirlo el corazón. Educar la facultad sensible es, por tanto, la más urgente necesidad de nuestro tiempo, no solo porque es un medio de hacer eficaces en la vida los progresos del saber, sino porque contribuye a la mejorad del conocimiento mismo.”

Educar la mente y el corazón nos lleva a la sensatez y la bondad. Y tan peligroso entiendo que es la ausencia de lo uno como de lo otro.

He conocido personas he desprecian la inteligencia (como la lógica y el razonamiento) y  colocan los sentimientos por encima de todo, y acaban cayendo en una suerte de exaltación emocional que sin control acaba en fanatismo sin cordura.

También he conocido personas tremendamente racionales y frías cuya vida carece de la calidez y el color de los sentimientos. Creo que el soñado equilibrio entre mente y corazón solo es posible como sucede entre los platillos de una balanza: cuando sepamos establecer un eje, un fiel, que esté más allá de ambos pero que se manifieste básicamente en inteligencia y bondad. O como en el símbolo del Yin Yan, cuya danza encuentra su armonía a través del  Tao ( el sentido de la vida).

Miguel Angel Padilla

La intención

Vivimos tan deprisa que no nos damos cuenta que la mayor parte de las experiencias y circunstancias que nos acontecen en la vida las hemos sembrado con anterioridad.

Es buena práctica preguntarse por la finalidad e intención que anima la mayor parte de nuestros actos. Hacer consciente el para qué de lo que hacemos. El enfoque, el sentido es muy importante, no solo por el resultado objetivo que producimos a través de nuestros actos, sino por el estado de la conciencia con el que vivimos y por tanto con el que saboreamos cada instante.

La realidad presente y futura la construimos primero en nuestra mente y en nuestro corazón.

Miguel Angel Padilla