Conferencia inaugural de las VI Jornada de la Paz: Fundamentos de la Paz y la Dignidad humanas

Fundamentos de la Paz y la Dignidad humanas

Conferencia inaugural de las VI Jornada de la Paz, “Compromiso con la Paz”

3 de diciembre de 2018- Campus de Jerez

Buenos días a todos.

Quiero comenzar mi intervención expresando mi agradecimiento por la invitación recibida, como Director de la Red Global de Municipios por la Paz y los Valores UNESCO, a participar en esta VI Jornada de la Paz

  • Mi agradecimiento a la Universidad de Cádiz, especialmente al Vicerrectorado de Responsabilidad Social y el Área de Biblioteca, Archivo y publicaciones,
  • Al Ayuntamiento de Jerez de la Frontera.
  • Así como a todos los presentes con los que evidentemente nos une el interés por trabajar en el establecimiento de una Paz duradera en la humanidad.

El esfuerzo realizado por las instituciones implicadas, así como por las personas que le han dado vida, es digno de ser destacado, pues es una semilla más a sumar en la titánica causa por la Paz que nos convoca.

Posiblemente esta mañana yo no pueda aportar con mi intervención nada nuevo, y ni mucho menos ninguna fórmula mágica que pudiera resolver los problemas del mundo, pero al menos compartiré reflexiones que son comunes, puesto que tengo la seguridad de que muchas de ellas están en la mente de los presentes.

Sin embargo no quiero esconder mi preocupación por el hecho de que pueda parecer que lo que hacemos en estas jornadas (y yo con esta ponencia) sea nada más que sumar palabras sobre palabras, en un mundo lleno de palabras donde ya nadie cree en ellas, dónde hay una gran crisis de confianza en los discursos, así como en las instituciones y las personas que las regentan. Son muchos los acuerdos, los discursos y tratados internacionales que se quedan nada más que en una mera intención. La población cada vez reclama más hechos y menos palabras, y ciertamente a la palabra debe de dársele vida con el ejemplo, pues de lo contrario cae como hoja muerta. Y en muchos casos la palabra, esa palabra que es diálogo y es vínculo, es sustituida, cuando no tiene vida, por la fuerza de la violencia, y es entonces cuando muere la Paz y nacen las semillas de la guerra.

Pero el título que nos convoca en estas VI Jornadas por la Paz, trata de ir un paso más allá de las palabras, es justamente Compromiso con la Paz.

Por eso hoy yo no quiero dirigirme a las instituciones ni estamentos sino a ustedes como individuos, como personas, pues es desde cada uno de nosotros, desde nuestra calidad humana, desde donde se forja la calidad de las instituciones y la fidelidad a los compromisos que pueden llevarnos a un mundo mejor.

70 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 73 aniversario de la UNESCO. ODS.

El próximo día 10 de diciembre se celebrará el Día Mundial de los Derechos Humanos y se conmemorará el 70 Aniversario de la Declaración Universal, de La Carta Magna que ha sido uno de los mayores logros en la historia de la humanidad, en la aspiración por lograr un mundo en Paz.

Como todos recordarán establece sus pilares, expresados en el preámbulo de la misma, en el reconocimiento de la universalidad de la dignidad humana y la necesaria fraternidad entre los pueblos

Literalmente leemos en el preámbulo:  Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo, tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana… 

Y en el artículo primero dice:   Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

(¿Cuántas veces lo habremos oído?)

Además de estos dos valores esenciales donde se reconoce la dignidad como condición intrínseca de todo ser humano, y que se expresa como necesidad de autonomía y libertad, como una aspiración natural a realizarse plenamente; además de la aspiración a la fraternidad universal qué hermana todas las naciones, razas, creencias y culturas, y que nos recuerda, como en toda familia, la ineludible corresponsabilidad de todos y la anhelada convivencia…

Además de estos dos elementos esenciales digo, hay otros valores y aspiraciones que se destilan de los artículos de la Declaración Universal:

Por ejemplo, el necesario equilibrio entre el deber social y la libertad individual, conciliables solo a través de la idea de que no podremos lograr una justicia social si no es a través de una ética individual

Y en su conjunto vemos como detrás de toda la Declaración está presente la idea de que debe ser la dignidad humana el eje y la finalidad de toda acción política, económica, legislativa, religiosa etc.

Toda la declaración es un reclamo a la conciencia, más que una proclama de derechos, puesto que no podemos concebir unos derechos que son exigidos ante la gran familia humana sin entender los deberes que nos comprometen individual y colectivamente, deberes éticos que exigen de cada uno una elevación de conciencia, de valores, de calidad personal.

Han pasado 70 años desde entonces. Muchos dirán que se a progresado mucho en diversos ámbitos, y tal vez no les falte razón, pero a la vista de gran parte de las situaciones actuales, de la realidad global que podemos ver en el mundo, pienso que algo se nos olvidó en el camino.

Dos años antes, en 1945 (hace 73 años) se daba nacimiento en el seno de la ONU a la UNESCO (a cuya Red Civil me siento orgulloso de pertenecer) con aquella idea que tantas veces habremos oído:  “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”, recordándonos que es en el corazón y en la mente donde deberían levantarse las torres del progreso humano.

También quiero recordar ahora los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, aquellos que tras la propuesta no alcanzada de los Objetivos del Milenio fueron lanzados en 2015 por la ONU como un compromiso internacional que nos involucra urgentemente a todos, tanto las Instituciones como la Sociedad Civil y las personas a título individual.

Y en este punto cabe preguntarse ¿Cómo serán posibles estos objetivos que aspiran, como recordaremos, a poner fin a la pobreza y el hambre; que aspiran al crecimiento económico y sostenido; a luchar contra el deterioro de la naturaleza; que aspiran a la igualdad, a la educación y a la paz, entre otros objetivos?. ¿Solo se hará posible con acuerdos internacionales y tratados, nuevas leyes y estructuras administrativas?

Sin duda todas estas aspiraciones son muy importantes, pero no podemos olvidar que tras las instituciones, la legislación y los acuerdos, hay seres humanos que le han de dar vida. Sí esos seres humanos no tenemos unos valores personales comprometidos con dar de nosotros mismos lo mejor de nuestra condición, el objetivo del bien común y la paz no será posible. Pues la paz ha de nacer primero, no de un pacto entre los hombres, sino de un pacto íntimo y personal que se exprese en rectitud, generosidad, sabiduría y amor.

Los dos vectores del desarrollo

Antes decía que tal vez hayamos olvidado algo en el camino.

Tal vez en nuestro afán por mejorar las condiciones de vida de millones de seres humanos nos lanzamos a una cruzada de desarrollo material pensando que era el progreso económico y tecnológico lo que lo haría todo posible. Pero hoy vemos que la economía y la tecnología son solo medios, medios importantes esos sí, pero medios al fin y al cabo que han de estar en manos y al servicio de seres humanos que, si se corrompen, sí bloquean la educación que fortalezca el discernimiento y la conciencia, la autonomía personal y la libertad de espíritu, se convierten en medios para esclavizar, controlar y manipular a millones de personas.

El progreso, mal que nos pese a esta mal llamada sociedad del conocimiento, no puede serlo solo de los medios tecnológicos, económicos, etc. necesita de otro vector, el vector de los fines, de la ética, del desarrollo de valores intrínsecos a nuestra naturaleza humana. Y esto se ha ido olvidando en el camino fascinados por el crecimiento económico a gran escala y los logros tecnológicos.

Cierto es que sin un desarrollo sostenible básico los pueblos se ven lanzados a una lucha por la supervivencia que no entiende más razones que las que le impone la desesperación. Por ello este desarrollo es urgente e ineludible.

Pero para que el desarrollo económico sea verdaderamente sostenible no puede deshumanizarse, y esto, aunque no parezca tan urgente ante las grandes lacras del hambre y la guerra, es sin embargo esencial, aunque yo creo que a mí entender ya es además de esencial, urgente.

Por este motivo necesitamos promover una educación completa en el sentido platónico, una educación que se exprese a través de todos los factores que envuelven la vida cotidiana, una educación que se construya sobre los dos elementos:  las capacidades y habilidades personales, ya sean intelectuales o manuales, pero que también tenga muy en cuenta el desarrollo de la calidad personal, fortaleciendo y desarrollando los valores individuales y colectivos, las potencialidades internas que nos humanizan.

Solo una apuesta decidida por una calidad en la educación integral, puede dar resultados duraderos. Y al hablar de educación no nos referimos  únicamente a los programas escolares y universitarios, sino a todo lo que influye y confluye en la formación de la personalidad y el desarrollo d ellos valores que sirven de base en la realización de los individuos.

La dificultad para hacerlo respetando la libertad individual no puede hacernos posponerlo. Es una gran reto que pasa por reconocer los Valores Universales que nos son comunes a toda la Gran Familia Humana.

Ya sabemos que no es una medida que dé resultados a corto plazo en un mundo que quiere recetas inmediatas y que todo sea resuelto y garantizado por “el sistema”, pero solo invirtiendo en la calidad humana es que llegaremos a poder mejorar el mundo realmente.

Fundamentos de la Paz y la Dignidad humanas

Todos los factores de los que depende la paz y la dignidad dependen mucho más de la calidad humana que de los medios y capacidades de que se dispongan, especialmente de la calidad moral de los responsables políticos económicos y sociales.

Como se ha dicho muchas veces no puede haber paz en el mundo si no hay paz en nuestros corazones, sin comunión con lo más noble, elevado y digno que hay en nuestra naturaleza humana.

La utopía de una justicia social solo basada en el sistema o las leyes ha fracasado, pues hoy sabemos que solo se puede lograr esa justicia social fortaleciéndola desde la ética individual.

Es por eso que el esfuerzo por construir la paz no puede ser una actitud pasiva, solo de rechazo y denuncia, hace falta algo más. Puesto que las guerras nacen en la mente de los seres humanos a través de la ignorancia el egoísmo y el miedo, dando esos frutos de fanatismo, odio y violencia, combatamos esas semillas si queremos fortalecer la paz.

Solo con una actitud activa de trabajo por la paz es que podremos sembrar semillas diferentes que fructifiquen en la misma mente de los hombres y mujeres, semillas de Bondad, de Justicia, de Verdad y de Belleza, semillas que se esparzan a través de la educación, la cultura y el ejemplo. Solo así será posible la vida digna, compañera inseparable de la paz verdadera.

¿Qué nos hace Humanos?

Sí la vida digna es toda aquella qué favorece, y no anula, nuestra condición humana, es oportuno preguntarnos para finalizar: ¿qué es lo que nos hace humanos?, pues será fortaleciendo eso factores dónde hallemos los pilares con los que podamos levantar las banderas de paz y dignidad.

Muchas son las capacidades y cualidades que nos elevan sobre la condición instintiva, impulsiva de lo animal (que por otro lado también forma parte de nuestra naturaleza), y que ponen de manifiesto nuestra identidad como seres humanos. Como decía Platón estamos constituidos de lo uno y de lo otro, en una clara alusión a como se unen en nosotros lo animal y lo genuinamente humano.

Yo solo mencionaré algunas de ellas que me parecen bastante significativas:

  • Nos hace humanos la capacidad de reflexión y de compartir ideas junto con esa conciencia de nosotros mismos que nos impulsa a querer dar sentido a nuestras vidas.
  • Nos hace humanos nuestra voluntad, nuestra capacidad para elegir más allá de los impulsos instintivos y junto a ella la necesidad de libertad para hacerlo. Libertad que muchas veces encuentra más barreras en nuestra ignorancia e impulsividad que en las limitaciones exteriores.
  • Nos hacen humanos nuestros sentimientos e ideas éticas y estéticas que hallan su expresión vital en valores como el amor, la paz y la solidaridad.
  • Nos hace humanos el espíritu de superación y realización, esa aspiración por mejorar y desplegar el potencial que cada uno encierra.
  • Y por último mencionaré cómo nos hace humanos la capacidad de captar ideales y arquetipos, de concebir la Justicia, de buscar la Verdad, de vivir la Bondad y plasmar la Belleza, ideales que han llevado a los pueblos a desarrollar culturas y construir civilizaciones que dieron frutos magníficos a través del arte, la religión, la política y la ciencia, pero que se derrumban con gran violencia cuando se olvidan los ideales que les dieron nacimiento.

Todos ellos son pilares esenciales de nuestra condición humana (y podríamos añadir muchos más) pero debemos preguntarnos si son todos valores de interés real en nuestro mundo actual, si constituyen objetivos importantes y prioritarios con los que trabajar a la hora de realizar los planes de desarrollo de nuestras sociedades. Si inspiran cotidianamente las decisiones políticas, administrativas y personales de hoy.

Dejo la reflexión en el aire.

A modo de conclusión

La paz, ese imprescindible marco donde pueda florecer la dignidad humana, no solo hay que desearla y pedirla, hay que construirla, pues no hay verdadero desarrollo sin Paz ni Dignidad.

La paz es un fruto que se cultiva con el desarrollo de las semillas de lo mejor de cada uno, y se riega para que crezca con el ejemplo que nos damos a nosotros mismos y a los demás.

Comprometámonos pues en lo individual y lo colectivo a ser cada uno una semilla de paz, a ser mujeres y hombres buenos, cuyos corazones residan en el corazón de la fraternidad, y sus mentes aspiren a cada paso hacia el bien común.  Solo así lograremos algo más de paz para todos, y además un poco de felicidad en el intento.

Muchas gracias.

Miguel Angel Padilla Moreno

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