La poesía como ejercio espiritual

  • Editorial NA   ISBN 978-84-96369-87-0
  • Nº de páginas: 64 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda

 

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Ofrecemos aquí el índice y uno de los capítulos

Índice:

  • A modo de prólogo                                      
  • La experiencia espiritual                            
  • Poesía, elevación y creación                          
  • La verdad poética de la vida                        
  • Palabra y símbolo                                        
  • La palabra como elemento creador               
  • La creación nace del espíritu                     
  • Alas para la esfinge                               
  • El despertar del Poeta-Mago                   
  • Transformar el mundo de hierro en un mundo de oro                                                  
  • Entheos                

La verdad poética de la vida

Viviendo un momento de crisis especialmente difícil como el actual, preguntarnos cuáles son las necesidades de nuestro tiempo parece una obviedad. A todos nos surge inmediatamente la necesidad de resolver los problemas económicos o de hallar fórmulas médicas que resuelvan los pesares y enfermedades que nos aquejan. Como consecuencia de ello, surge inmediatamente una mente especulativa y racional que quiere hallar fórmulas para resolver muchos de los atolladeros en que estamos inmersos o muchas de las necesidades todavía no resueltas, además de otras exigencias generadas casi de forma artificial.

Pero más allá de la necesidad de tecnología, de medicina, de ciencia, de economía, deberíamos preguntarnos qué es lo que necesita un niño o qué necesita un anciano, qué necesita cualquier ser humano en los momentos cruciales de su vida.

La vida no tiene solo una verdad racional o científica, tiene también una verdad poética: el ser humano no solo necesita medios sino que también tiene necesidad de ternura, de una mano amiga; o quizás una visión fantástica o romántica, algo que le permita trascender la mera acumulación de experiencias sensibles, para hacer volar unas alas que –aun cuando parecen imaginarias– forman parte de nuestra realidad, que no es solo racional sino también poética.

¿Cómo podemos expresar en palabras la experiencia nacida del primer beso? Es muy difícil ¿verdad?  Porque el acceso a la verdad, a la realidad, no lo podemos interpretar únicamente por la vía de la explicación científica. Hay otra vía de aproximación a la realidad que no es solo racional sino artística: el poeta se encuentra, por tanto, con un doble ejercicio, porque a través de las palabras –instrumento que naturalmente usa la razón– va a expresarse de forma no racional, a través de metáforas, a través de símbolos.

Del mismo modo que nuestro cerebro cuenta con dos hemisferios, nuestra vida ha de conjugar la razón con emociones e intuiciones para ser realmente seres humanos. Alguien dijo –no sé si poética o científicamente– que somos luz; y la luz, como fuente de vida, ha de tener dos propiedades esenciales: iluminar y dar calor; poner claridad para poder ver y calor para que la vida se exprese y desarrolle.

Es justamente esa doble capacidad (razón e intuición) la que a lo largo de la Historia ha enfrentado al hombre consigo mismo; unas veces inclinándolo hacia una visión demasiado pragmática y otras veces elevándolo a la región de lo invisible, de los sueños y de la imaginación.

Tal y como afirmaba María Zambrano, la historia del pensamiento –que al final es la base de las experiencias que vive el ser humano– ha reflejado esa pugna, pero nos falta por descubrir la maravillosa posibilidad de unificar ambos conceptos, de unir la verdad sensible con la verdad trascendente, en una ascesis que nos permita conocer el mundo desde un punto de vista racional pero a la vez nos acerque a la realidad espiritual, emocional, no analítica de la vida.

Sobre dos columnas, la razón y los sentimientos, puede alzarse la bóveda del curvo misterio, solo accesible a la esquiva intuición y a la que aspiran tanto poetas como científicos.

 

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