Los latidos de la Luz. Románico y gótico

La llamada Edad Media, que se produciría en Europa tras la caída del Imperio Romano, ocupa un periodo muy extenso de tiempo, desde el siglo V al XIV, en el que se dará un proceso de transformación civilizatorio que afectó a todos los órdenes de manifestación humana. En lo social se caracteriza por una fuerte fragmentación y la desaparición de los grandes estados con el consecuente aislamiento y empobrecimiento en medios materiales. Muchas pequeñas poblaciones se formarán en torno a las fortalezas o los monasterios. Ya no hay grandes ciudades urbanísticamente ordenadas, la vida se internaliza en pequeños núcleos.
El románico es una clara expresión de todo ello. Este asilamiento y pobreza se comienza a vencer a partir del año mil, especialmente siglo XII y XIII, con la apertura de vías comerciales e intercambio cultural con oriente, el nacimiento de grandes ciudades y las universidades. El Gótico muestra de forma excepcional este proceso donde el arte se abre de su interiorismo al esplendor de la Luz y riqueza de formas y técnicas.

Si bien el eje de todos los cambios fue la religión, ésta influyó sobremanera en lo político, filosófico y artístico. La transformación que se produjo en la sociedad, en su forma de valorar la vida, llegó obviamente a una de las expresiones más trasparentes del latido interior de un pueblo que es el arte. Hay una unidad indisoluble entre el arte de una época y su pensamiento, y si bien esto es cierto siempre, se ve de una forma más manifiesta en la Edad Media.
Durante este periodo la aparición del estudio de la teología desplaza a la filosofía, que en el mundo clásico había sido la protagonista en la búsqueda de la Verdad y acceso al conocimiento de uno mismo y del Cosmos. Ya no hay que buscar la Verdad, la Verdad ha sido revelada. La filosofía pasa a ser una vía para intentar comprender esa verdad revelada, pero en ningún caso para cuestionarla.

La religión pasa a ser el eje vertebrador de toda la vida pública. Por ello todo el arte de esta época gira en torno a la iglesia. El primer objeto del arte no es entonces agradar sino enseñar por medio de imágenes a un pueblo que no sabe leer y cuya cultura es muy pobre. Es fundamentalmente narrativo de los pasajes bíblicos.

Esta íntima relación entre arte y pensamiento es recíproca, es decir el pensamiento, la interpretación y valoración de la vida y sus manifestaciones humanas, alimenta un estilo artístico, una temática, unas formas, pero a la vez las manifestaciones artísticas recrean en la sociedad una forma de pensar y de relacionarnos con la vida y con la muerte. En el caso de la Edad Media este papel del arte como educador y conductor de la conciencia es muy importante.

Hay una metáfora que, a mi juicio, define muy bien lo que pasó en este periodo: Los latidos de la Luz.
Como parte de los ciclos en los que la naturaleza se desenvuelve, la Edad Media supone un periodo en el que la Luz que brilló en la civilización romana entra en su invierno para renovarse y resurgir transformada en la luminosidad del Renacimiento. En este proceso, el latido de la Luz en la primera etapa, la Alta edad media, es interno, reflexivo e íntimo, alejado del la riqueza de formas que la vida en primavera despliega, como lo expresa el arte paleocristiano y el románico, para a partir del gótico dar expresión de la Luz creadora que da paso a las más ricas manifestaciones de la vida.
Todo este proceso se ve matizado de influencias y memorias que se mezclan en una tierra muy vieja, y de gran confluencia de culturas, la cuenca del Mediterráneo.

Sístole: el Románico

Tal y como hemos mencionado, el románico es un arte religioso. Su objetivo principal era provocar acercamiento de los fieles a Dios.

Se desenvuelve en un periodo donde la civilización se encuentra en un estado de internalización tras los siglos oscuros de la Alta Edad Media. En sus manifestaciones artísticas, especialmente en la arquitectura, la luz se flexiona hacia adentro y parece querer llevarnos las miradas hacia nosotros mismos. Nos invita a la intimidad y el recogimiento. Vemos un ejemplo en la música más representativa de esta época que es el canto llano y el canto gregoriano

En general el arte románico es sencillo, humilde aunque expresa toda la fuerza de una espiritualidad íntima. Podríamos decir que muestra una serena majestuosidad

El artista románico quiere representar la esencia interior, no la belleza. El mundo material no es sino un mero receptáculo de Dios

La sensación de los edificios románicos es de robusted por sus grandes muros y pocos ventanales, pero a la vez de dimensiones humanas y terrenales. No obstante, la luz jugará un papel clave en la creación del clima espiritual del interior, donde el hombre se aísla del mundo y busca a Dios.

Diástole: el Gótico

Entre los siglos XII y XV, florece en Europa un arte poderosamente original, que fue llamado Gótico. En esta etapa hay dos hechos fundamentales que condicionan las características formales del arte: Por un lado la, la aparición de ciudades mayores, de mejores comunicaciones, comercio y viajes y contactos con viejas tradiciones milenarias, que propician una apertura de mentalidad (debemos reseñar en este sentido la importancia que supuso la aparición de la orden del temple). Por otro lado, y tal vez como consecuencia de todo ello, se produce un profundo cambio en la mentalidad religiosa, dando lugar a una religión cada vez más cercana al hombre que exalta el aspecto humano de Dios.

Si el Románico es la interiorización, el silencio y la luz que se flexiona sobre sí misma, el gótico es la vitalización de esa misma luz, su aspecto dinámico.
La expansión vital, que como en el reino vegetal sucede con el fototropismo, es verticalidad e intento de alcanzar la luz.
De los cantos monódicos del gregoriano pasaremos a las armónicas arquitecturas de la polifonía.
Las formas de abren y despliegan, se alzan, se perfeccionan. La belleza encarna en la materia y da testimonio de la grandeza del espíritu.

Que maravilloso sería encontrarse a sí mismo en el silencio del románico para después cantar a la vida e iluminarla desde la Luz multicolor y misteriosa del Gótico.

Miguel Angel Padilla Moreno.

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