Necesidad de una nueva educación

El problema de la educación, cada vez que se plantea en la opinión pública, despierta una gran controversia social, aunque muy pronto pasa a una segunda fila en los medios de comunicación ante las nuevas noticias que cobran, casi por turno, protagonismo.

Pero en el tema de discusión casi siempre se tratan  solo aspectos de forma, que si bien pueden parecer importantes, no deberían nublar el planteamiento esencial  sobre la educación.

Tendríamos que preguntarnos: ¿para qué sirve la educación? ¿cuál es o cuál debería de ser su finalidad?

¿Es algo al servicio de la economía?, ¿al servicio de las empresas?, ¿de la estabilidad social?, de tendencias políticas o creencias religiosas?… ¿o debería de ser algo que tuviese como finalidad al Hombre, su desarrollo integral y completo?

Por desgracia, basta con observar  desprejuiciados nuestros propios sistemas de educación y enseñanza para ver  que están más dirigidos a crear especialistas en un sistema productivo económico, donde las directrices las dan la oferta y la demanda de empleo, que a   desarrollar las potencialidades y cualidades humanas, para que  el individuo pueda realizarse plenamente en el marco gradual de su paso por la vida, o para  que pueda profundizar en los misterios de la naturaleza o del hombre..

El sentido etimológico de la palabra educación viene de “educir”: sacar de adentro. Esto nos habla de la educación como algo destinado a hacer surgir en cada individuo aquellos valores, aquellas capacidades  propias e inherentes a la condición humana. Entiende que existe un potencial en el interior en espera de ser realizado. Educar sería despertarlo y ayudar a su realización. Para ello la educación debería ayudarnos a conocernos a nosotros mismos y a armonizar los diferentes factores que en nosotros conviven

La educación así entendida mantiene un  sentido de unidad   que  debe aportar  una  visión global y armónica del mundo y de si mismo, un conocimiento que relacione todos los conocimientos, una formación que ayude a integrar y conducir todas nuestras facultades humanas .

Los diferentes expresiones  de la cultura (ciencia -religión -política -arte) se unifican bajo una visión filosófica que les da profundidad y unidad, (al igual que  confluyen en una pirámide sus cuatro caras triangulares), como caminos complementarios en la búsqueda de la verdad y la realización humana.

En el hombre esa educación integral   debería   ser el mejor apoyo en el conocimiento de  nosotros  mismos , la naturaleza humana  en general y las propia realidad particular;   debería potenciar el conocimiento y desarrollo de nuestras  cualidades  y vocaciones profundas (lo que llamaría Platón instintos del Alma); tendría que favorecer  la armonización de  todo ello, ayudandonos a   encontrar y a vivir nuestro  lugar natural  en la humanidad y en la Vida

Sin embargo nuestros sistemas educativos actuales se alejan cada vez más de esa formación integral ,  relegando esta responsabilidad, que acaba siendo canalizada  en gran parte por los medios de comunicación masivos ( que no olvidemos, no tienen como finalidad la formación humana sino la rentabilidad económica).

Esto hace que al día de hoy, un chico con una especialización universitaria, sin embargo pueda ser un inculto en términos generales, incapaz de tener un buen criterio global para  entender a  ni a su tiempo ni a sí mismo.

La verdadera libertad, base de la condición humana, ha de producirse primero en el interior, nace en el corazón y la mente, solo el conocimiento da realmente “alas” al ser humano ( y no una formula química en una lata etiquetada)

Para que haya una educación completa ha de partirse de un sentido profundo de la cultura. Esta no puede entenderse como una recopilación basada simplemente en coloridos folklores sino en el conocimiento, desde las protohistóricas civilizaciones a nuestros días, de la experiencia profunda de la humanidad, expresada en el conjunto de valores permanentes, conocimientos científicos, creencias y experiencias que van siendo acumuladas generación por generación por la humanidad.

Otro factor importante en la educación es el ejemplo. Sin el ejemplo no hay transmisión. El ejemplo vivifica el conocimiento y lo hace útil al presente. Decir que una cosa es válida y no esforzarse por  vivirla es haber matado la mitad de la verdad. El ejemplo de educadores, padres, cargos públicos, artistas, jueces, etc,  así como   los modelos que predominan como prototipos de una sociedad, actúan como catalizadores;  su presencia, al resonar en los individuos,  despierta  en ellos  el desarrollo de lo que haya de similar al modelo. De ahí que los filósofos antiguos aconsejaran rodearse de cosas bellas y armónicas, de buenos amigos, de lecturas e imágenes heroicas que despertasen en nosotros esa misma belleza y armonía, esa voluntad y firmeza frente a la adversidad que subyacía dormida

Cuando la educación despierta  un discernimiento de lo justo , lo bello, lo verdadero y lo bueno  en nosotros, ese sentido elevado   se refleja en buenas costumbres que hacen innecesarias muchas de las leyes y restricciones del mañana.

La educación debe prever las necesidades y problemas del futuro, debe anticiparse y desarrollar las cualidades y conocimientos que le permitan afrontar todo reto.  Pero sin olvidar  que la verdadera finalidad del progreso no está en el despliegue de medios sino en la  plasmación de los fines, y la finalidad humanística debe alumbrar todo esfuerzo. Así necesitaremos ingenieros y médicos, panaderos y abogados, pero sobre todo hombres y mujeres íntegros, dueños de sí mismos y con las mejores cualidades humanas.

Es importante saber colocar al hombre en su realidad y en su tiempo,  no como un marco al que doblegar sus aspiraciones, sino del que partir para moldear aquello que se concibe como mejor. La educación, entonces,  no debe conformar, sino despertar el idealismo, partiendo de una realidad que se conoce y no se teme pero a la que se quiere  mejorar, ya sea en el terreno del arte, de la ciencia, de la política o de la religión.

Platón hablaba de la importancia de hacer confluir en la educación la “música”, para el alma,  y la  “gimnasia”, para el cuerpo. Esta necesaria complementariedad aportaba rigor y esfuerzo para el cuerpo, manteniéndolo sano y disciplinado;  y desarrollo a las cualidades del alma, ya sean Discernimiento, Intuición de la Belleza, desarrollo de la Bondad y del  Amor o reconocimiento de la Justicia.

Quizás sea la filosofía más profunda la que aporte la clave:  el proceso de la educación  tendría que poder desarrollar en el hombre  nuestra   naturaleza interna,  en su triple  aspecto: Voluntad, Amor e Inteligencia, canalizada a través de una mente ordenada, una psique armonizada, una vitalidad activa y un cuerpo sano

Siendo la educación la base de la transmisión de la cultura, y ésta  el cimiento invisible que sustenta cada  civilización, los beneficios que se derivan de la civilización,  como la estabilidad económica y social, avances en la medicina o el derecho, el desarrollo del arte, hasta la

plasmación de principios de dignidad y solidaridad, se tambalean cuando sus invisibles columnas, los valores filosóficos  y principios  universales que le dieron nacimiento, ya no están presentes en la educación.  Solo quedan formas  culturales vacías  incapaces de regenerar ni recrear como fuerza motriz, nuevas formas, nuevos moldes de vida para los principios siempre válidos.

El valor de la educación hoy y los sistemas educativos deberían de volver a mirarse en el espejo y  ver si responden realmente a la realidad global del ser humano.

 Miguel Angel Padilla

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