Conferencia inaugural de las VI Jornada de la Paz: Fundamentos de la Paz y la Dignidad humanas

Fundamentos de la Paz y la Dignidad humanas

Conferencia inaugural de las VI Jornada de la Paz, “Compromiso con la Paz”

3 de diciembre de 2018- Campus de Jerez

Buenos días a todos.

Quiero comenzar mi intervención expresando mi agradecimiento por la invitación recibida, como Director de la Red Global de Municipios por la Paz y los Valores UNESCO, a participar en esta VI Jornada de la Paz

  • Mi agradecimiento a la Universidad de Cádiz, especialmente al Vicerrectorado de Responsabilidad Social y el Área de Biblioteca, Archivo y publicaciones,
  • Al Ayuntamiento de Jerez de la Frontera.
  • Así como a todos los presentes con los que evidentemente nos une el interés por trabajar en el establecimiento de una Paz duradera en la humanidad.

El esfuerzo realizado por las instituciones implicadas, así como por las personas que le han dado vida, es digno de ser destacado, pues es una semilla más a sumar en la titánica causa por la Paz que nos convoca.

Posiblemente esta mañana yo no pueda aportar con mi intervención nada nuevo, y ni mucho menos ninguna fórmula mágica que pudiera resolver los problemas del mundo, pero al menos compartiré reflexiones que son comunes, puesto que tengo la seguridad de que muchas de ellas están en la mente de los presentes.

Sin embargo no quiero esconder mi preocupación por el hecho de que pueda parecer que lo que hacemos en estas jornadas (y yo con esta ponencia) sea nada más que sumar palabras sobre palabras, en un mundo lleno de palabras donde ya nadie cree en ellas, dónde hay una gran crisis de confianza en los discursos, así como en las instituciones y las personas que las regentan. Son muchos los acuerdos, los discursos y tratados internacionales que se quedan nada más que en una mera intención. La población cada vez reclama más hechos y menos palabras, y ciertamente a la palabra debe de dársele vida con el ejemplo, pues de lo contrario cae como hoja muerta. Y en muchos casos la palabra, esa palabra que es diálogo y es vínculo, es sustituida, cuando no tiene vida, por la fuerza de la violencia, y es entonces cuando muere la Paz y nacen las semillas de la guerra.

Pero el título que nos convoca en estas VI Jornadas por la Paz, trata de ir un paso más allá de las palabras, es justamente Compromiso con la Paz.

Por eso hoy yo no quiero dirigirme a las instituciones ni estamentos sino a ustedes como individuos, como personas, pues es desde cada uno de nosotros, desde nuestra calidad humana, desde donde se forja la calidad de las instituciones y la fidelidad a los compromisos que pueden llevarnos a un mundo mejor.

70 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 73 aniversario de la UNESCO. ODS.

El próximo día 10 de diciembre se celebrará el Día Mundial de los Derechos Humanos y se conmemorará el 70 Aniversario de la Declaración Universal, de La Carta Magna que ha sido uno de los mayores logros en la historia de la humanidad, en la aspiración por lograr un mundo en Paz.

Como todos recordarán establece sus pilares, expresados en el preámbulo de la misma, en el reconocimiento de la universalidad de la dignidad humana y la necesaria fraternidad entre los pueblos

Literalmente leemos en el preámbulo:  Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo, tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana… 

Y en el artículo primero dice:   Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

(¿Cuántas veces lo habremos oído?)

Además de estos dos valores esenciales donde se reconoce la dignidad como condición intrínseca de todo ser humano, y que se expresa como necesidad de autonomía y libertad, como una aspiración natural a realizarse plenamente; además de la aspiración a la fraternidad universal qué hermana todas las naciones, razas, creencias y culturas, y que nos recuerda, como en toda familia, la ineludible corresponsabilidad de todos y la anhelada convivencia…

Además de estos dos elementos esenciales digo, hay otros valores y aspiraciones que se destilan de los artículos de la Declaración Universal:

Por ejemplo, el necesario equilibrio entre el deber social y la libertad individual, conciliables solo a través de la idea de que no podremos lograr una justicia social si no es a través de una ética individual

Y en su conjunto vemos como detrás de toda la Declaración está presente la idea de que debe ser la dignidad humana el eje y la finalidad de toda acción política, económica, legislativa, religiosa etc.

Toda la declaración es un reclamo a la conciencia, más que una proclama de derechos, puesto que no podemos concebir unos derechos que son exigidos ante la gran familia humana sin entender los deberes que nos comprometen individual y colectivamente, deberes éticos que exigen de cada uno una elevación de conciencia, de valores, de calidad personal.

Han pasado 70 años desde entonces. Muchos dirán que se a progresado mucho en diversos ámbitos, y tal vez no les falte razón, pero a la vista de gran parte de las situaciones actuales, de la realidad global que podemos ver en el mundo, pienso que algo se nos olvidó en el camino.

Dos años antes, en 1945 (hace 73 años) se daba nacimiento en el seno de la ONU a la UNESCO (a cuya Red Civil me siento orgulloso de pertenecer) con aquella idea que tantas veces habremos oído:  “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”, recordándonos que es en el corazón y en la mente donde deberían levantarse las torres del progreso humano.

También quiero recordar ahora los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, aquellos que tras la propuesta no alcanzada de los Objetivos del Milenio fueron lanzados en 2015 por la ONU como un compromiso internacional que nos involucra urgentemente a todos, tanto las Instituciones como la Sociedad Civil y las personas a título individual.

Y en este punto cabe preguntarse ¿Cómo serán posibles estos objetivos que aspiran, como recordaremos, a poner fin a la pobreza y el hambre; que aspiran al crecimiento económico y sostenido; a luchar contra el deterioro de la naturaleza; que aspiran a la igualdad, a la educación y a la paz, entre otros objetivos?. ¿Solo se hará posible con acuerdos internacionales y tratados, nuevas leyes y estructuras administrativas?

Sin duda todas estas aspiraciones son muy importantes, pero no podemos olvidar que tras las instituciones, la legislación y los acuerdos, hay seres humanos que le han de dar vida. Sí esos seres humanos no tenemos unos valores personales comprometidos con dar de nosotros mismos lo mejor de nuestra condición, el objetivo del bien común y la paz no será posible. Pues la paz ha de nacer primero, no de un pacto entre los hombres, sino de un pacto íntimo y personal que se exprese en rectitud, generosidad, sabiduría y amor.

Los dos vectores del desarrollo

Antes decía que tal vez hayamos olvidado algo en el camino.

Tal vez en nuestro afán por mejorar las condiciones de vida de millones de seres humanos nos lanzamos a una cruzada de desarrollo material pensando que era el progreso económico y tecnológico lo que lo haría todo posible. Pero hoy vemos que la economía y la tecnología son solo medios, medios importantes esos sí, pero medios al fin y al cabo que han de estar en manos y al servicio de seres humanos que, si se corrompen, sí bloquean la educación que fortalezca el discernimiento y la conciencia, la autonomía personal y la libertad de espíritu, se convierten en medios para esclavizar, controlar y manipular a millones de personas.

El progreso, mal que nos pese a esta mal llamada sociedad del conocimiento, no puede serlo solo de los medios tecnológicos, económicos, etc. necesita de otro vector, el vector de los fines, de la ética, del desarrollo de valores intrínsecos a nuestra naturaleza humana. Y esto se ha ido olvidando en el camino fascinados por el crecimiento económico a gran escala y los logros tecnológicos.

Cierto es que sin un desarrollo sostenible básico los pueblos se ven lanzados a una lucha por la supervivencia que no entiende más razones que las que le impone la desesperación. Por ello este desarrollo es urgente e ineludible.

Pero para que el desarrollo económico sea verdaderamente sostenible no puede deshumanizarse, y esto, aunque no parezca tan urgente ante las grandes lacras del hambre y la guerra, es sin embargo esencial, aunque yo creo que a mí entender ya es además de esencial, urgente.

Por este motivo necesitamos promover una educación completa en el sentido platónico, una educación que se exprese a través de todos los factores que envuelven la vida cotidiana, una educación que se construya sobre los dos elementos:  las capacidades y habilidades personales, ya sean intelectuales o manuales, pero que también tenga muy en cuenta el desarrollo de la calidad personal, fortaleciendo y desarrollando los valores individuales y colectivos, las potencialidades internas que nos humanizan.

Solo una apuesta decidida por una calidad en la educación integral, puede dar resultados duraderos. Y al hablar de educación no nos referimos  únicamente a los programas escolares y universitarios, sino a todo lo que influye y confluye en la formación de la personalidad y el desarrollo d ellos valores que sirven de base en la realización de los individuos.

La dificultad para hacerlo respetando la libertad individual no puede hacernos posponerlo. Es una gran reto que pasa por reconocer los Valores Universales que nos son comunes a toda la Gran Familia Humana.

Ya sabemos que no es una medida que dé resultados a corto plazo en un mundo que quiere recetas inmediatas y que todo sea resuelto y garantizado por “el sistema”, pero solo invirtiendo en la calidad humana es que llegaremos a poder mejorar el mundo realmente.

Fundamentos de la Paz y la Dignidad humanas

Todos los factores de los que depende la paz y la dignidad dependen mucho más de la calidad humana que de los medios y capacidades de que se dispongan, especialmente de la calidad moral de los responsables políticos económicos y sociales.

Como se ha dicho muchas veces no puede haber paz en el mundo si no hay paz en nuestros corazones, sin comunión con lo más noble, elevado y digno que hay en nuestra naturaleza humana.

La utopía de una justicia social solo basada en el sistema o las leyes ha fracasado, pues hoy sabemos que solo se puede lograr esa justicia social fortaleciéndola desde la ética individual.

Es por eso que el esfuerzo por construir la paz no puede ser una actitud pasiva, solo de rechazo y denuncia, hace falta algo más. Puesto que las guerras nacen en la mente de los seres humanos a través de la ignorancia el egoísmo y el miedo, dando esos frutos de fanatismo, odio y violencia, combatamos esas semillas si queremos fortalecer la paz.

Solo con una actitud activa de trabajo por la paz es que podremos sembrar semillas diferentes que fructifiquen en la misma mente de los hombres y mujeres, semillas de Bondad, de Justicia, de Verdad y de Belleza, semillas que se esparzan a través de la educación, la cultura y el ejemplo. Solo así será posible la vida digna, compañera inseparable de la paz verdadera.

¿Qué nos hace Humanos?

Sí la vida digna es toda aquella qué favorece, y no anula, nuestra condición humana, es oportuno preguntarnos para finalizar: ¿qué es lo que nos hace humanos?, pues será fortaleciendo eso factores dónde hallemos los pilares con los que podamos levantar las banderas de paz y dignidad.

Muchas son las capacidades y cualidades que nos elevan sobre la condición instintiva, impulsiva de lo animal (que por otro lado también forma parte de nuestra naturaleza), y que ponen de manifiesto nuestra identidad como seres humanos. Como decía Platón estamos constituidos de lo uno y de lo otro, en una clara alusión a como se unen en nosotros lo animal y lo genuinamente humano.

Yo solo mencionaré algunas de ellas que me parecen bastante significativas:

  • Nos hace humanos la capacidad de reflexión y de compartir ideas junto con esa conciencia de nosotros mismos que nos impulsa a querer dar sentido a nuestras vidas.
  • Nos hace humanos nuestra voluntad, nuestra capacidad para elegir más allá de los impulsos instintivos y junto a ella la necesidad de libertad para hacerlo. Libertad que muchas veces encuentra más barreras en nuestra ignorancia e impulsividad que en las limitaciones exteriores.
  • Nos hacen humanos nuestros sentimientos e ideas éticas y estéticas que hallan su expresión vital en valores como el amor, la paz y la solidaridad.
  • Nos hace humanos el espíritu de superación y realización, esa aspiración por mejorar y desplegar el potencial que cada uno encierra.
  • Y por último mencionaré cómo nos hace humanos la capacidad de captar ideales y arquetipos, de concebir la Justicia, de buscar la Verdad, de vivir la Bondad y plasmar la Belleza, ideales que han llevado a los pueblos a desarrollar culturas y construir civilizaciones que dieron frutos magníficos a través del arte, la religión, la política y la ciencia, pero que se derrumban con gran violencia cuando se olvidan los ideales que les dieron nacimiento.

Todos ellos son pilares esenciales de nuestra condición humana (y podríamos añadir muchos más) pero debemos preguntarnos si son todos valores de interés real en nuestro mundo actual, si constituyen objetivos importantes y prioritarios con los que trabajar a la hora de realizar los planes de desarrollo de nuestras sociedades. Si inspiran cotidianamente las decisiones políticas, administrativas y personales de hoy.

Dejo la reflexión en el aire.

A modo de conclusión

La paz, ese imprescindible marco donde pueda florecer la dignidad humana, no solo hay que desearla y pedirla, hay que construirla, pues no hay verdadero desarrollo sin Paz ni Dignidad.

La paz es un fruto que se cultiva con el desarrollo de las semillas de lo mejor de cada uno, y se riega para que crezca con el ejemplo que nos damos a nosotros mismos y a los demás.

Comprometámonos pues en lo individual y lo colectivo a ser cada uno una semilla de paz, a ser mujeres y hombres buenos, cuyos corazones residan en el corazón de la fraternidad, y sus mentes aspiren a cada paso hacia el bien común.  Solo así lograremos algo más de paz para todos, y además un poco de felicidad en el intento.

Muchas gracias.

Miguel Angel Padilla Moreno

Necesidad de una nueva educación

El problema de la educación, cada vez que se plantea en la opinión pública, despierta una gran controversia social, aunque muy pronto pasa a una segunda fila en los medios de comunicación ante las nuevas noticias que cobran, casi por turno, protagonismo.

Pero en el tema de discusión casi siempre se tratan  solo aspectos de forma, que si bien pueden parecer importantes, no deberían nublar el planteamiento esencial  sobre la educación.

Tendríamos que preguntarnos: ¿para qué sirve la educación? ¿cuál es o cuál debería de ser su finalidad?

¿Es algo al servicio de la economía?, ¿al servicio de las empresas?, ¿de la estabilidad social?, de tendencias políticas o creencias religiosas?… ¿o debería de ser algo que tuviese como finalidad al Hombre, su desarrollo integral y completo?

Por desgracia, basta con observar  desprejuiciados nuestros propios sistemas de educación y enseñanza para ver  que están más dirigidos a crear especialistas en un sistema productivo económico, donde las directrices las dan la oferta y la demanda de empleo, que a   desarrollar las potencialidades y cualidades humanas, para que  el individuo pueda realizarse plenamente en el marco gradual de su paso por la vida, o para  que pueda profundizar en los misterios de la naturaleza o del hombre..

El sentido etimológico de la palabra educación viene de “educir”: sacar de adentro. Esto nos habla de la educación como algo destinado a hacer surgir en cada individuo aquellos valores, aquellas capacidades  propias e inherentes a la condición humana. Entiende que existe un potencial en el interior en espera de ser realizado. Educar sería despertarlo y ayudar a su realización. Para ello la educación debería ayudarnos a conocernos a nosotros mismos y a armonizar los diferentes factores que en nosotros conviven

La educación así entendida mantiene un  sentido de unidad   que  debe aportar  una  visión global y armónica del mundo y de si mismo, un conocimiento que relacione todos los conocimientos, una formación que ayude a integrar y conducir todas nuestras facultades humanas .

Los diferentes expresiones  de la cultura (ciencia -religión -política -arte) se unifican bajo una visión filosófica que les da profundidad y unidad, (al igual que  confluyen en una pirámide sus cuatro caras triangulares), como caminos complementarios en la búsqueda de la verdad y la realización humana.

En el hombre esa educación integral   debería   ser el mejor apoyo en el conocimiento de  nosotros  mismos , la naturaleza humana  en general y las propia realidad particular;   debería potenciar el conocimiento y desarrollo de nuestras  cualidades  y vocaciones profundas (lo que llamaría Platón instintos del Alma); tendría que favorecer  la armonización de  todo ello, ayudandonos a   encontrar y a vivir nuestro  lugar natural  en la humanidad y en la Vida

Sin embargo nuestros sistemas educativos actuales se alejan cada vez más de esa formación integral ,  relegando esta responsabilidad, que acaba siendo canalizada  en gran parte por los medios de comunicación masivos ( que no olvidemos, no tienen como finalidad la formación humana sino la rentabilidad económica).

Esto hace que al día de hoy, un chico con una especialización universitaria, sin embargo pueda ser un inculto en términos generales, incapaz de tener un buen criterio global para  entender a  ni a su tiempo ni a sí mismo.

La verdadera libertad, base de la condición humana, ha de producirse primero en el interior, nace en el corazón y la mente, solo el conocimiento da realmente “alas” al ser humano ( y no una formula química en una lata etiquetada)

Para que haya una educación completa ha de partirse de un sentido profundo de la cultura. Esta no puede entenderse como una recopilación basada simplemente en coloridos folklores sino en el conocimiento, desde las protohistóricas civilizaciones a nuestros días, de la experiencia profunda de la humanidad, expresada en el conjunto de valores permanentes, conocimientos científicos, creencias y experiencias que van siendo acumuladas generación por generación por la humanidad.

Otro factor importante en la educación es el ejemplo. Sin el ejemplo no hay transmisión. El ejemplo vivifica el conocimiento y lo hace útil al presente. Decir que una cosa es válida y no esforzarse por  vivirla es haber matado la mitad de la verdad. El ejemplo de educadores, padres, cargos públicos, artistas, jueces, etc,  así como   los modelos que predominan como prototipos de una sociedad, actúan como catalizadores;  su presencia, al resonar en los individuos,  despierta  en ellos  el desarrollo de lo que haya de similar al modelo. De ahí que los filósofos antiguos aconsejaran rodearse de cosas bellas y armónicas, de buenos amigos, de lecturas e imágenes heroicas que despertasen en nosotros esa misma belleza y armonía, esa voluntad y firmeza frente a la adversidad que subyacía dormida

Cuando la educación despierta  un discernimiento de lo justo , lo bello, lo verdadero y lo bueno  en nosotros, ese sentido elevado   se refleja en buenas costumbres que hacen innecesarias muchas de las leyes y restricciones del mañana.

La educación debe prever las necesidades y problemas del futuro, debe anticiparse y desarrollar las cualidades y conocimientos que le permitan afrontar todo reto.  Pero sin olvidar  que la verdadera finalidad del progreso no está en el despliegue de medios sino en la  plasmación de los fines, y la finalidad humanística debe alumbrar todo esfuerzo. Así necesitaremos ingenieros y médicos, panaderos y abogados, pero sobre todo hombres y mujeres íntegros, dueños de sí mismos y con las mejores cualidades humanas.

Es importante saber colocar al hombre en su realidad y en su tiempo,  no como un marco al que doblegar sus aspiraciones, sino del que partir para moldear aquello que se concibe como mejor. La educación, entonces,  no debe conformar, sino despertar el idealismo, partiendo de una realidad que se conoce y no se teme pero a la que se quiere  mejorar, ya sea en el terreno del arte, de la ciencia, de la política o de la religión.

Platón hablaba de la importancia de hacer confluir en la educación la “música”, para el alma,  y la  “gimnasia”, para el cuerpo. Esta necesaria complementariedad aportaba rigor y esfuerzo para el cuerpo, manteniéndolo sano y disciplinado;  y desarrollo a las cualidades del alma, ya sean Discernimiento, Intuición de la Belleza, desarrollo de la Bondad y del  Amor o reconocimiento de la Justicia.

Quizás sea la filosofía más profunda la que aporte la clave:  el proceso de la educación  tendría que poder desarrollar en el hombre  nuestra   naturaleza interna,  en su triple  aspecto: Voluntad, Amor e Inteligencia, canalizada a través de una mente ordenada, una psique armonizada, una vitalidad activa y un cuerpo sano

Siendo la educación la base de la transmisión de la cultura, y ésta  el cimiento invisible que sustenta cada  civilización, los beneficios que se derivan de la civilización,  como la estabilidad económica y social, avances en la medicina o el derecho, el desarrollo del arte, hasta la

plasmación de principios de dignidad y solidaridad, se tambalean cuando sus invisibles columnas, los valores filosóficos  y principios  universales que le dieron nacimiento, ya no están presentes en la educación.  Solo quedan formas  culturales vacías  incapaces de regenerar ni recrear como fuerza motriz, nuevas formas, nuevos moldes de vida para los principios siempre válidos.

El valor de la educación hoy y los sistemas educativos deberían de volver a mirarse en el espejo y  ver si responden realmente a la realidad global del ser humano.

 Miguel Angel Padilla

Juventud y filosofía. Una buena combinación para transformar el mundo

El esfuerzo por alejar a los jóvenes de las humanidades, particularmente de la filosofía, es cada vez más patente, no solo en España sino en gran parte del mundo, y con ello pierden capacidad de reflexión sobre los acontecimientos, la vida y sobre nosotros mismos. Aprender a pensar y discernir es esencial en el proceso de formación de nuestra identidad y libre realización personal. ¿A quién beneficia este deterioro en la educación, especialmente entre los jóvenes?

Creo que hoy más que nunca es imprescindible reivindicar el necesario vínculo entre filosofía y juventud.

La juventud es una esperanza de futuro en todo momento, pues guarda infinitas potencialidades cuando está abierta a la creatividad, a la transformación y al descubrimiento de las maravillas y posibilidades que la vida nos ofrece. Y la filosofía, como verdadero motor de transformación y evolución del pensamiento, tiene mucho que ver con la juventud, porque participa de esa misma capacidad de apertura, indagación y sorpresa ante el mundo. Decía Platón, en boca de Sócrates, que la filosofía es esa capacidad de sorprendernos y enamorarnos de la belleza, de aspirar a la justicia, de buscar la verdad.

Hay una serie de cualidades que se manifiestan especialmente en la juventud y que quisiera resaltar y vincular con la filosofía:

La rebeldía, esencial frente a lo que creemos que atenta contra nuestra dignidad, contra nuestra libertad. Frente a la rebeldía se nos pide madurez, pero se espera que con ella ahoguemos los sueños y «sentemos la cabeza» (vaya sitio para poner la cabeza, en el destinado para el trasero), se espera que reconozcamos la realidad y dejemos de ser idealistas. La filosofía nos ayuda a poner los pies en la tierra pero elevar la cabeza, la mirada al cielo, sin renunciar a esa búsqueda de lo mejor, sin perder el motor transformador de la rebeldía. Une idealismo con discernimiento sin hacerlos antagónicos.

El entusiasmo es otra de las cualidades de la juventud que, gracias a la filosofía, que propicia el pensamiento reflexivo y crítico, puede evitar que caigamos en el fanatismo. La filosofía nos conduce al descubrimiento de valores universales que alimentan los sentimientos de fraternidad, respeto y, a la vez, compromiso social.

La plasticidades otra característica de la juventud. Se trata de la capacidad de poder adaptarse a las situaciones y entornos, porque uno no es rígido, no está encasillado en una forma. En este caso, la filosofía nos permite reconocer lo esencial para no caer en el riesgo de la superficialidad (que a veces se disfraza de adaptación y tolerancia). Es más, nos lleva a romper moldes, pero para liberar lo que realmente reconocemos como importante.

El idealismo, o esa capacidad de elevarse, de concebir perfecciones para la humanidad, de soñar con el bien, con la justicia, con la belleza, con un mundo mejor, etc. La filosofía va ayudarnos a saber establecer el puente entre el mundo que nos rodea y el mundo que soñamos. Evitará que las crueles lecciones de «realidad» nos conviertan en personas escépticas, acomodadas, resignadas. Tratará de aportarnos herramientas para convertirnos en verdaderos constructores de nosotros mismos y del mundo que concebimos.

Y, finalmente, ser joven es soñar con el futuro. A mí me inspira particularmente mucho la imagen del dios Jano Bifronte, símbolo griego de la juventud. Uno de sus rostros, el joven, mira al futuro pero, como contraparte, hay otro rostro, el anciano, que mira hacia atrás. Uno representa la experiencia, o sea, el pasado, y el otro representa la capacidad de proyección, o sea, el futuro. Si a la capacidad de soñar sumamos la capacidad de heredar esa experiencia humana que nos permita no volver a caer en los errores, que nos dé patrones para poder reconocer los mejores caminos, las mejores soluciones, estaremos dando un paso excepcional.

¡Cuánta gente idealista dejó de soñar porque era imposible cambiar el mundo! El día que dejemos de soñar con un mundo mejor, habremos matado algo muy importante, habremos matado nuestra alma, nuestra juventud interior. También habremos matado la posibilidad de que el futuro pueda encontrar un puente del que recoger todo lo bueno que ya la humanidad ha conquistado. No dejemos de soñar nunca, seamos idealistas que se atreven a soñar y a perseguir esos sueños.

La filosofía nos enseña que el presente es la oportunidad para unir el pasado con el futuro, a través del entusiasmo, a través de la plasticidad, a través de esa rebeldía y a través de ese espíritu soñador.

¿Tardará mucho? ¿Cuándo se conseguirá cambiar las cosas?

Como decía el Quijote: «Yo voy por un mundo de hierro para convertirlo en un mundo de oro. No me preocupa si gano o pierdo, lo importante es que yo siga en mi empeño». Algo cambia dentro de uno mismo cuando se tiene esta actitud, algo crece y despierta.

Miguel Ángel Padilla

El ser humano necesita la Paz para que florezca su dignidad humana

(Intervención en la presenatción de la RED Global de Municipios y Provincias por la Paz y los Valores UNESCO . Día Muldial de la PAZ. Benalmádena (Málaga) en  septiembre de 2015)

El ser humano necesita la Paz para que florezca su dignidad humana

El panorama del mundo actual está repleto de contrastes. Grandes conquistas Humanas, sociales y tecnológicas se mezclan con las crecientes guerras, desequilibrios sociales, luchas fraticidas y deshumanización de las sociedades.

La Guerra amenaza cada día más con sumir a la humanidad en una gran miseria moral y física.

Pero la guerra, como todo lo que sucede en la naturaleza, no es un fruto fortuito y casual que aparece sin más, la guerra surge porque se ha ido sembrando, a veces sin que nos demos cuenta, poco a poco en las sociedades.

Cada vez más vemos como las semillas de LA IGNORANCIA , el EGOISMO y el MIEDO están dando frutos de fanatismo y violencia, de separación entre los seres humanos, frutos de Guerra.

El logro de una verdadera Paz mundial en todos los ámbitos supone un objetivo con el que todos nos debemos sentir comprometidos.

Las semillas de PAZ

La Paz no es una quimera, ni un documento de un tratado internacional, la paz es un fruto, nace si se siembra y se cuida adecuadamente

Y ha de ser sembrada en el interior de cada ser humano, como nos recuerda  el inicio de la Constitución de la UNESCO:

Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz.

Necesitamos entonces sembrar semillas de PAZ, semillas sanas y fuertes, valores  que puedan fructificar en una verdadera fraternidad en la gran familia humana.

El sembrar esas semillas de PAZ es un reto y un compromiso personal. Cierto es que hace falta que las instituciones se impliquen, en todos los estamentos y aspectos, educativos, legislativos, económicos, etc. pero la Paz no vendrá de las instituciones sino de las personas.

Si las personas que están dentro y fuera de las instituciones no asumen un compromiso personal todo será una pantomima y los tratados y los sueños morirán y se corromperán.

De ahí que la Paz solo pueda venir de una  transformación personal que nos haga más humanos, que refuerce en cada uno las fuentes del Bien, como diría Platón,  que nos alejen de la ignorancia, del egoísmo y del miedo.

Es obvio que para poder dar semillas de Paz debemos entonces cultivarnos a nosotros mismos.

Por eso la Paz ha de nacer primero, no de los pactos entre los hombres,  sino de un pacto íntimo y personal, que se exprese en rectitud, generosidad, discernimiento y amor.

El reencuentro con lo humano

Somos conscientes de que para que haya Paz, es preciso restaurar la credibilidad en el hombre, en los líderes religiosos y políticos, en las sociedades, en los individuos. Para ello nada tan preciso como la autenticidad y la coherencia con uno mismo.

Los tratados basados en intereses socioeconómicos, si no tienen un respaldo de verdadera formación y cultura humanista de las sociedades, en la fraternidad y unidad esencial de la humanidad, no funcionan, simplemente posponen los conflictos, mientras crece el resentimiento y el odio. El diálogo no se impone, sino que nace de la calidad humana, alejada de los fundamentalismos, los egoísmos y los miedos.

Por otro lado, sin un desarrollo económico sostenible básico, que erradique la pobreza del mundo, los hombres y pueblos que luchan por su supervivencia y no alcanzan un marco digno en el que desarrollarse como personas, no entienden más razones que las de su propia desesperación. Y ese compromiso ha de ser asumido por los dirigentes políticos de forma real y auténtica.

No podemos pretender “diálogo por la Paz” con pueblos desesperados solo porque su desesperación pone en peligro nuestro bienestar.

Los oídos de los ciudadanos del mundo se han vuelto sordos a los discursos y ya no creen en las palabras. Han perdido la confianza en sus gobernantes y la palabra ya no tiene el poder de crear.

Ahora solo será escuchado el lenguaje del ejemplo. Solo a través del ejemplo y el compromiso individual la palabra volverá a tener valor y reemplazará a las armas.

Solo el ejemplo volverá a dignificar palabras como Justicia, Paz, Solidaridad, Amistad…

El compromiso que nos une en este día es precisamente el de promover los valores humanos, el de fomentar para los hombres y mujeres de nuestros pueblos,  las oportunidades que favorezcan el desarrollo de lo mejor de nuestra condición humana, y ello a través de la cooperación entre iniciativas y el encuentro para compartir y trabajar juntos.

La creación de la RED Global de Municipios y Provincias por la Paz y los Valores UNESCO

Este proyecto nace con la vocación universal de PROMOVER UNA CULTURA DE PAZ PERMANENTE EN NUESTRA SOCIEDAD,

con el objetivo fundamental de presentar a todos los ciudadanos, a través de distintas iniciativas locales a lo largo del año y a través de Conferencias, Talleres, Conciertos, Actos Deportivos  etc, aquellos conocimientos que fomenten los valores de la Comprensión, la Tolerancia, la Generosidad, el Entendimiento, la Resolución de Conflictos y la Solidaridad que promueve la UNESCO

Siendo por su cercanía la Corporación Local la entidad más próxima al ciudadano , qué mejor  ámbito que este,  para la creación de un PROGRAMA DE ACCIÓN SOBRE UNA CULTURA DE PAZ,

Trabajamos para que surja un nuevo tejido global de hermanamiento entre los Municipios compartiendo experiencias similares que hagan posible un mundo más justo, humano y enriquecido con la aportación de todos.

Así esta red Global inicia su andadura con la presentación del Convenio de Colaboración y de Adhesión a la Red Global de Municipios y Provincias por La Paz y los Valores de UNESCO

A C U E R D OS:

  1. Desarrollar medidas para fomentar una Cultura de Paz, a través de la Educación y el Conocimiento, promoviendo encuentros entre los escolares, jóvenes y estudiantes en general.
  2. Promover el Conocimiento mutuo de los diferentes grupos culturales, étnicos y religiosos en el marco de la convivencia y el fortalecimiento de los Derechos Humanos.
  3. Celebrar en colaboración con las diferentes instituciones y organizaciones ciudadanas el Día Mundial de La Paz establecido por la ONU el 21 de Septiembre de cada año.
  4. Creación de una Plataforma Local que reúna los esfuerzos de los distintos agentes sociales, en torno a la difusión y desarrollo de los valores que potencia La Paz, creando un posible Observatorio sobre la exclusión, la delincuencia y la violencia, especialmente entre los jóvenes.
  5. Fomentar a través de diversas acciones y/o publicaciones el desarrollo de valores de Ética Universal tales como: Bondad, Convivencia, Respeto, Honestidad, Fraternidad Tolerancia, Solidaridad y Compromiso Social.

Posdata: la paz comienza con una sonrisa.   Espero que esta nos acompañe en toda la jornada.

Gracias

Miguel Angel Padilla. Vicepresidente del C. UNESCO de Málaga.

Reflexiones en torno a una Paz duradera

No es raro ver en cualquier época del año cómo desde diversas instituciones se promueven campañas, foros y actos de sensibilización en torno a la Paz y la concordia de los pueblos.
Todos estos impulsos no sólo son loables sino que se hacen imprescindibles en un mundo globalizado por la economía, pero no tanto por valores universales.
Es alentador ver una cada vez mayor sensibilidad al problema y observar cómo surgen por todos lados iniciativas y movimientos que tratan de promover la Paz, el único marco posible donde el hombre puede desplegar toda la riqueza de su condición humana. Se trata de iniciativas que quieren hallar puentes de comunicación cargados de cordura que se eleven sobre aquello que nos separa para encontrarse en lo universal y humano que nos une. Y la mayor parte de estas iniciativas llegan a la misma conclusión: que los tratados basados en intereses socioeconómicos, si no tienen un respaldo de verdadera formación y cultura humanista de las sociedades, en la fraternidad y unidad esencial de la humanidad, no funcionan, simplemente posponen los conflictos, mientras crece el resentimiento y el odio. El diálogo no se impone, sino que nace de la calidad humana, alejada de los fundamentalismos, los egoísmos y los miedos.

He reunido, a modo de notas, algunas ideas que me parecen muy interesantes a la hora de hablar de la necesidad de construir en el mundo una Paz sostenible, y que resumen, aunque no agotan, muchas de las propuestas que en torno a la Paz plantea la filosofía, en un intento de llevarnos a la raíz del problema.

Si de concordia y diálogo hablamos es necesario un reconocimiento de la dignidad de “el otro”, un verdadero amor y no solo respeto por la humanidad, reconociendo que más allá de mi postura y mi verdad, y de la verdad del otro y su postura, existe un punto armonizador superior que las contiene a ambas y las trasciende. A ello deberíamos aspirar superando nuestros prejuicios y apegos a costumbres y elementos que, aunque útiles en un momento dado, necesariamente son circunstanciales, epocales y sujetos al cambio.

Se hace imprescindible distinguir lo temporal y secundario de lo atemporal y universal. A veces nos aferramos más a las formas que a los valores profundos.

Para que haya Paz, es preciso restaurar la credibilidad en el hombre, en los líderes religiosos y políticos, en las sociedades, en los individuos. Para ello nada tan preciso como la autenticidad y la coherencia con uno mismo.

Debemos reconocer de una vez por todas, el poder inductor de ideas, actitudes y comportamientos que tienen los medios masivos de comunicación, a escala planetaria. Si somos capaces de legislar considerando que el ver el tabaco en los escaparates de un estanco promueve su consumo, ¿qué promueve lo que todos los días, en todas las casas de todos los lugares del mundo se ve en televisión?

Necesitamos recordar que el camino hacia la Paz y los verdaderos bienes para la humanidad están más vinculados al despertar del propio discernimiento y madurez interior que a la obediencia ciega a unas leyes, sean civiles o religiosas. La bondad y la inteligencia, si no nacen de un manantial interior, no son reales.

Es necesario la superación en gran parte de ese egoísmo que nos hace mirar para otro lado cuando se trata de perder algunas de nuestras comodidades o prerrogativas en aras del bienestar de todos.

Sin un desarrollo económico sostenible básico, que erradique la pobreza del mundo, los hombres y pueblos que luchan por su supervivencia y no alcanzan un marco digno en el que desarrollarse como personas, no entienden más razones que las de su propia desesperación. Y ese compromiso ha de ser asumido por los dirigentes políticos de forma real y auténtica.

No podemos pretender “diálogo por la Paz” con pueblos desesperados solo porque su desesperación pone en peligro nuestro bienestar.

Es peligroso, en la búsqueda de consenso, caer en la comodidad de relativizarlo todo, actitud que no nos lleva a ningún compromiso en la vida. La Paz no es una actitud de derrota y abandono sino de la conquista sostenida de los valores que unen.

Tal vez vaya llegado el momento de que valoremos más los bienes que producen para la humanidad la Concordia que el petróleo.

Podríamos añadir más y más cosas, las mismas que al hilo de la reflexión se te han ido ocurriendo, lector, pero lo cierto es que es hora de un verdadero compromiso individual con la Paz, porque la Paz ha de nacer primero, no de los pactos entre los hombres, sino de un pacto intimo y personal, que se exprese en rectitud, generosidad, sabiduría y amor.

Miguel Ángel Padilla
Artículo publicado en enero de 2009 en la Red de Ética Universal

Gobernador de ti mismo

Vuelven a alzarse pancartas que nos reclaman Justicia recordando que no habrá paz sin justicia social, y tal vez no les falte razón, pero no podemos olvidar que para que haya justicia social es imprescindible una ética individual, no solo leyes y sistemas justos sino auténticos valores humanos conduciendo el corazón de quienes han de vivirlas y aplicarlas, especialmente en los gobernantes y responsables sociales de cualquier nivel.

Y esto ¿cómo se logra? Difícil respuesta, yo al menos no lo sé, pero sí sé que no se logra únicamente con decretos, ni armas, ni discursos.

Tal vez yo no tenga aparente poder para hacer del mundo un lugar más justo, pero si puedo hacer de mi propia vida un territorio personal de concordia que contagie a los territorios vecinos, un territorio donde pueda levantar una bandera que no delimite fronteras, sino que alce sueños visibles y altos para quien quiera compartirlos, (mi bandera sería tricolor, de voluntad, de amor y de Inteligencia).

Yo si puedo hacer de este espacio, pequeño pero real, el territorio de mi vida, un lugar donde ser justo, honesto y bondadoso, valiente, responsable y veraz. Y puedo elegir a quien quiero que lo gobierne, y con qué programa educativo, con qué medidas saludables y con qué política de consumo. Puedo elegir a mis ministros y consejeros… incluso proclamar a los héroes de mi pequeña patria, este territorio de mi propia vida.

Tal vez no consiga cambiar el mundo, es lo más probable, pero en el peor de los casos podré ser el gobernador de mi mismo… y seré feliz.

Miguel Angel Padilla