La Dignidad como pilar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No habrá justicia social sin una ética individual.

En 2018 se cumplieron 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, uno de los más grandes logros en la historia de la humanidad, en la aspiración por lograr un mundo en paz dónde la condición humana encuentre oportunidades y marcos reales para poder realizarse con dignidad.

A través de este breve trabajo pretendo profundizar en la filosofía que subyace detrás de la Carta Magna, y que le dio nacimiento, para poner de relieve como la dignidad humana fue considerada el pilar esencial que la inspiró, y sigue siendo el eje para las legítimas aspiraciones de Justicia, paz y desarrollo que la humanidad en su conjunto siempre ha tenido.

La Dignidad como pilar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Ya en el preámbulo de la Declaración Universal se reconoce la universalidad de la dignidad humana a la vez que se recuerda la fraternidad necesaria entre los pueblos.

Podemos leer dicho preámbulo: Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo, tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana…  La Asamblea General proclama la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como un ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben de forzarse…

Y leemos también en los dos primeros artículos:

Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. 

Artículo 2:  Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Es en el preámbulo y estos dos primeros artículos dónde se ponen de relieve dos valores esenciales: por un lado la dignidad como condición intrínseca de todo ser humano, que se expresa como necesidad de autonomía y libertad, como una aspiración natural a realizarse plenamente; por otro lado la aspiración a la fraternidad universal qué hermana todas las naciones, raza, creencias y culturas, y que nos recuerda, como en toda familia, la ineludible corresponsabilidad de todos para alcanzar la anhelada convivencia.

La Declaración continua hasta un total de 30 artículos recorriendo todas las facetas de la vida humana y la convivencia.

Los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se pueden agrupar, según René Cassin (uno de los redactores principales de la DUDH)  del siguiente modo:

  • Preámbulo y artículos 1 y 2: sientan la base fundamental y el espíritu de la carta
  • Artículos del 3 al 11:  se refieren a derecho de carácter personal tales como derecho a la vida, a la libertad, igualdad ante la ley, presunción de inocencia, etcétera
  • Artículo del 12 al 17:  derechos del individuo en relación con la comunidad tales como el derecho a la vida privada, al honor y la reputación,  la libre circulación, la igualdad ante el matrimonio, o la propiedad privada.
  • Artículos del 18 al 21:  derechos de pensamiento, de conciencia, de religión y libertades políticas.
  • Artículos del 22 al 27:  referidos a derechos económicos y sociales
  • Artículos del 28 al 30:  dónde se establecen condiciones y límites con que estos derechos debe ejercerse.

Balance tras 70 años de historia

Aunque el panorama mundial no es homogéneo, desde sus orígenes son muchos los logros obtenidos en diferentes campos, pero igualmente también son muchos los elementos pendientes e inestables qué hacen que bastantes de ellos se tambaleen.

Proclamada la intención, y tras las primeras generaciones, en algunos aspectos ha habido un gran deterioro desde 1948 camuflado por un aparente desarrollo económico global. 

Tal vez el enfoque para su aplicación se puso en exceso en los aspectos de desarrollo económico olvidando otros más importantes que le dan vida. Ciertamente, como gran parte de los artículos se refieren al establecimiento de una base económica, en las últimas décadas se puso el énfasis en que era precisamente la economía la que resolvería los graves problemas a escala mundial, donde constantemente se veía vulnerada la dignidad humana. 

Ha sido en la segunda mitad del siglo XX dónde hemos asistido a un fenómeno de la globalización qué, lejos de ser una globalización de valores humanos, un proceso de puesta en común y concordia de civilizaciones, ha supuesto una globalización económica dónde los pueblos han perdido su autonomía de gestión quedando en manos de las decisiones de multinacionales regidas, en su mayor parte, únicamente por intereses privados económicos y no por valores humanos ni sociales.

A esto sumamos una falsa idea del progreso, relacionándoselo únicamente con el incremento de medios, ya sean tecnológicos, económicos, de comunicación, etc. olvidando que esos medios han de responder a unos fines y ser utilizados por personas con unos valores e intenciones.

La balanza del desarrollo no puede apoyarse únicamente en el desarrollo material y tecnológico, sino que debe equilibrarse con un desarrollo real en la realización humana y espiritual. Sin estos dos facctores: el material y el humano no es posible el equilibrio.

Si a esto sumamos la pérdida paulatina de ética en los gobernantes, así como en quienes impulsan y conducen gran parte de los programas científicos, educativos, de medios de comunicación, económicos, y hasta religiosos, nos encontramos ante un panorama que nos exige detenernos a reflexionar sobre qué es lo que se nos olvidó en el camino.p

Hoy, prácticamente terminada ya la segunda década del siglo XXI, La ONU pone todas sus miras en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, tratando de lanzar un nuevo compromiso, tras el fracaso de los Objetivos del Milenio, involucrando urgentemente a todos, desde las Instituciones a la Sociedad Civil y las personas a título personal.

                                                                                                                                     

Estos objetivos son muy loables pero debemos preguntarnos ¿cómo se podrán llegar a estas metas que aspiran aponer fin a la pobreza y el hambre, que aspiran al crecimiento económico y sostenido, a luchar contra el deterioro de la naturaleza, que aspiran a la igualdad, a la educación y a la paz, entre otros objetivos? ¿Solo se hará posible con acuerdos internacionales y tratados, nuevas leyes y estructuras administrativas?

Sin duda todas estas aspiraciones son muy importantes, pero no podemos olvidarnos que tras las instituciones, la legislación y los acuerdos, hay seres humanos que le han de dar vida.  Sí esos seres humanos no tenemos unos valores personales comprometidos con dar de nosotros mismos lo mejor de nuestra condición, los objetivos del bien común y la justicia social no serán posibles, pues la paz ha de nacer primero, no de un pacto entre los hombres, sino un pacto personal que se exprese en rectitud, generosidad, sabiduría y amor.

Principios subyacentes en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Además de los principios esenciales de la dignidad como condición intrínseca de todo ser humano y de la fraternidad universal, encontramos otros valores filosóficos que se destilan de la Declaración Universal

 Y que resumimos, incluyendo los dos apuntados:

  • Reconocimiento de la Universalidad de la Dignidad humana.

El ser humano es un fin en si mismo y haya en su propia realización su sentido, no puede instrumentalizarse haciéndole perder su dignidad.

Esa dignidad se expresa como necesidad de autonomía y libertad de espíritu

  • Aspiración a la Fraternidad Universal. Todos los seres humanos formamos parte de una misma familia y como tal debemos respetarnos y convivir. Este vínculo natural es la base de la convivencia entre los pueblos. Esto implica una corresponsabilidad entre la gran familia humana entendiendo que lo que pase a una parte de la familia afectará a la familia en su conjunto pues compartimos un destino común.
  • Necesario equilibrio entre el Deber social y la Libertad individual.

La convivencia entre los componentes de los seres humanos, así como entre los pueblos, debe hallar un equilibrio entre el deber social de solidaridad, respeto y búsqueda del bien común y la necesaria libertad individual donde cada uno pueda elegir su camino, sus creencias y su vía de realización personal. Esto implica el reconocimiento de unos valores universales mínimos, comunes a la condición humana, y exigibles en todos los que constituyen una sociedad de convivencia.

  • Humanismo: el Hombre como finalidad de toda acción humana y social, política, científica, religiosa, etc.

Considerar la realización plena como seres humanos de los ciudadanos debe ser el eje de todas las actuaciones sociales, siendo todo lo demás medios al servicio de este fin. Por la tanto la economía, la política, la ciencia, la educación, etc. deberían ser considerados medios dirigidos al pleno desarrollo del ser humano, recordando que todos los medios están relacionados entre sí. Olvidarlo conduce a un desequilibrio.

  • Más allá de la opinión debemos aspirar a la verdad y el Bien.

En la redacción de la misma Carta Magna se insta a que sea respetada por todos los pueblos, pues lo recogido en ella está por encima de las opiniones y formas culturales y políticas. Más allá de los propios sistemas democráticos basados en la autoridad de la mayoría del pueblo, no se podría reconocer la legitimidad de un gobierno, aunque haya sido elegido democráticamente, si éste vulnera los derechos humanos.

El reconocimiento de ésto, aunque quede silenciado, conduce a aceptar que por encima de la autoridad de la mayoría de los votantes debemos entender que existe una autoridad, la de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y por tanto reconoce unos valores universales más allá de las culturas, las religiones y las fronteras. Implícitamente acepta que la autoridad emana de la Verdad y del Bien y debe estar dirigida al desarrollo de la dignidad humana de los ciudadanos, pero la autoridad no emana de la opinión de los ciudadanos.

  • No hay libertad sin conciencia, no hay autonomía sin educación

Propiciar la libertad y la autonomía personal está detrás de cada uno de los artículos.

La libertad real necesita no solo oportunidades para elegir sino el desarrollo de unas capacidades para discernir y obrar.

La importancia de la educación es capital, pero no solo de una educación basada en el entrenamiento del uso de medios, sino en desarrollo integral de la persona para dotarla de autonomía, discernimiento y conciencia.

  • Todo derecho implica un deber

Ciertamente toda la Carta Magna está articulada en base a la proclamación de unos derechos, pero estos derechos se exigen a la misma comunidad humana, por lo que lleva implícita una serie de deberes que nos involucran a todos. Tal vez esta necesaria interpretación en forma de obligaciones no sea tan fácil de aceptar, acostumbrados como nos tienen a estar siempre exigiendo, pero inexorablemente van unidos.

¿Derechos ante quién?, ¿ante los políticos y gobernantes?, ¿ante los gobiernos? Tal vez en gran parte sí, pero los gobiernos, como los políticos que los constituyen, son el reflejo de una sociedad compuesta por todos, de unos valores y de unas costumbres. Si no cambian los valores personales no cambiaran los colectivos, ni las leyes ni las instituciones que responden a ellos

Sin una base solida de valores humanos los derechos humanos son una quimera.

  • Toda forma de anulación o explotación de nuestra condición humana atenta contra nuestra dignidad.

Pues es ésta, la dignidad de la persona, la que nos da nuestra identidad.

La Dignidad humana

Si es la dignidad humana la que está en el pilar y el eje de la DUDH, así como de otros intentos de la comunidad internacional, debería ser importante detenerse en ella para poder ahondar en lo que implica.

A la hora de hablar de la Dignidad creo que tenemos que abordarla desde dos aspectos:

  • La dignidad en su condición ontológica, intrínseca a la condición humana
  • La dignidad como humanización y realización, como desarrollo de esa condición humana.

La dignidad en su condición ontológica nos recuerda que todos los seres humanos, sin excepción, nacemos con un valor esencial como persona cuyo fin está en ella misma, y por ello ha de ser respetada y no instrumentalizada vulnerando su libertad y autonomía. En esto está la base de la Fraternidad, donde nos reconocemos iguales ante el derecho a una vida Digna.

La dignidad como humanización y realización pone ante cada cual la responsabilidad de su propio desarrollo y cultivo de su condición humana.

En cada ser humano conviven una parte animal, instintiva e impulsiva, herencia de nuestra evolución, y otra más humana que pugna por emerger, y que nos dota de discernimiento, amor y voluntad. Podemos dejarnos llevar por lo más instintivo, egoista y animal que tenemos o conducirnos y gobernarnos desde lo mejor de nuestra naturaleza humana desarrollando sus cualidades.

Factores de la vida digna

¿Qué es por tanto una vida digna y cómo es posible desarrollarla?

Podemos decir que una vida digna es aquella que favorece, y no anula, nuestra condición humana

De todo lo visto hasta ahora podemos entender que para que se dé una vida digna deben de cuidarse dos aspectos complementarios:

  • Factor externo a uno mismo: Un contexto digno donde se den las condiciones básicas de acceso a la vivienda, salud, alimento, seguridad, así como justicia, libertad y educación.
  • Factor interno: Libertad de espíritu, es decir las capacidades y cualidades básicas que nos permitan conducirnos con conciencia y liberados de los impulsos ciegos de nuestra parte animal. Esta libertad de espíritu se desarrolla en la medida que desarrollamos nuestra voluntad, discernimiento y bondad propios de nuestra condición humana.

Como los dos platillos de una balanza, debe haber un equilibrio entre ambos para que podamos hablar de sociedades de verdadero progreso y respetuosas con los Derechos Humanos.

¿Qué nos hace Humanos?

Sí la vida digna es toda aquella qué favorece, y no anula, nuestra condición humana, es oportuno preguntarnos para finalizar: ¿qué es lo que nos hace humanos?, pues será fortaleciendo eso factores dónde hallemos los pilares con los que podamos levantar las banderas de convivencia, paz y dignidad.

Muchas son las capacidades y cualidades que nos elevan sobre la condición instintiva, impulsiva de lo animal (que por otro lado también forma parte de nuestra naturaleza), y que ponen de manifiesto nuestra identidad como seres humanos. Como decía Platón estamos constituidos de lo uno y de lo otro, en una clara alusión a como se unen en nosotros lo animal y lo genuinamente humano.

Yo solo mencionaré algunas de ellas que me parecen bastante significativas:

•         Nos hace humanos la capacidad de reflexión y de compartir ideas junto con esa conciencia de nosotros mismos que nos impulsa a querer dar sentido a nuestras vidas.

•         Nos hace humanos nuestra voluntad, nuestra capacidad para elegir más allá de los impulsos instintivos y junto a ella la necesidad de libertad para hacerlo. Libertad que muchas veces encuentra más barreras en nuestra ignorancia e impulsividad que en las limitaciones exteriores.

•         Nos hacen humanos nuestros sentimientos e ideas éticas y estéticas que hallan su expresión vital en valores como el amor, la paz y la solidaridad.

•         Nos hace humanos el espíritu de superación y realización, esa aspiración por mejorar y desplegar el potencial que cada uno encierra.

•         Y por último mencionaré cómo nos hace humanos la capacidad de captar ideales y arquetipos, de concebir la Justicia, de buscar la Verdad, de vivir la Bondad y plasmar la Belleza. Ideales que han llevado a los pueblos a desarrollar culturas y construir civilizaciones que dieron frutos magníficos a través del arte, la religión, la política y la ciencia, pero que se derrumban con gran violencia cuando se olvidan los ideales que les dieron nacimiento.

Todos ellos son pilares esenciales de nuestra condición humana (y podríamos añadir muchos más) pero debemos preguntarnos si son todos valores de interés real en nuestro mundo actual, si constituyen objetivos importantes y prioritarios con los que trabajar a la hora de realizar los planes de desarrollo de nuestras sociedades, si inspiran cotidianamente las decisiones políticas, administrativas y personales de hoy.  Dejo la reflexión en el aire.

Trabajar por un mundo mejor

Indudablemente la terea de lograr una justicia social en el mundo que coloque la dignidad humana por encima de todas las cosas, es un reto para todos, los gobiernos y los ciudadanos. Pero los cambios que promueven los impulsos efectivos han de darse primero en el plano de las ideas y de los valores que nutren a los seres que constituyen esas sociedades.

Por eso proponemos una revolución efectiva en el plano de los ideales que mueven a la humanidad dignificando todos los factores que constituyen nuestra civilización

Dignifiquemos la política: elevándola hacia la Justicia y liberándola de la corrupción que nace de la falta de Ética personal

Dignifiquemos la ciencia: elevándola hacia la búsqueda de la Verdad y liberándola de los intereses mercantiles, los prejuicios y los dogmas.

Dignifiquemos el arte: elevándolo hacia la Belleza y liberándolo del desconcierto y la exaltación del absurdo

Dignifiquemos la Religión: elevándola hacia la Bondad y liberándola del fanatismo y la instrumentalización política.

Y establezcamos como eje la Dignidad humana, pues solo así contribuiremos a que sea posible un mundo mejor, un mundo donde se respeten los derechos humanos.

Miguel Angel Padilla Moreno. Noviembre de 2018