Carta a sus majestades los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Hace mucho tiempo que no os escribía. Desde que aquel niño de prodigiosa imaginación creyó que dejaba de serlo, para formar parte del realista mundo de los mayores.

Han pasado muchos años y os he echado de menos. No porque mi vida no haya estado colmada de regalos -estoy muy agradecido a las oportunidades y las maravillas que la vida me ha ofrecido- os he echado de menos no porque añore la fantasía como escape de la realidad. Os he echado de menos desde que empecé a descubrir que, más allá de las tradiciones populares, sois reales, muy reales y necesarios, solo que no habitáis ninguna tierra desértica ni viajáis en camellos, sino que vuestro reino está en el corazón de la vida y en el corazón de cada ser humano. Por eso no se os ve, porque la humanidad ha dejado de mirar en su interior, de mirar en el corazón, en lo profundo y bello de la existencia.

No en vano tantas tradiciones hablaron de vosotros en la antigüedad como unos Magos Sabios, que guiados por la luz de una estrella, podían conducirnos al nacimiento del “niño de oro”. Ese “niño de oro”, ese hijo divino éra cada uno de nosotros, era el nacimiento de nuestra conciencia más luminosa y cercana a las fuentes del Bien, la justicia y la Belleza.

Con  el tiempo he conocido algo del secreto que se escondía tras vuestros nombres: sois una expresión viva de la Voluntad,  el Amor y la Inteligencia.

Voluntad para crecer. Amor para vivir la Unidad con todos los seres.  Inteligencia para saber reconocer lo esencial y valioso, pues como dijera el principito, suele ser invisible a los ojos.

Al escribiros quería abrir una puerta a mí mismo y al infinito misterio del Universo donde habitáis para pediros inspiración y vuestros dones, porque necesitamos despertar en nosotros la fuerza para tornar el mundo en algo más humano, más próximo al corazón de aquel “niño de oro”, que no sabe de injusticias, de hipocresías ni egoísmos.

Sé que el simple hecho de pensar que sois reales abre la fuente de los sueños e ideales y nos permite descubrir los tesoros que albergáis en cada corazón humano.

Por eso os pido:

Que nos enseñéis a pronunciar tan solo palabras que sanen y nunca palabras que hieran.

Que nos mostréis que cada acto es una semilla que siempre encuentra sus frutos.

Que nos descubráis que cada mirada es un Ser que expresa toda la potencia realizadora de Dios.

Que nos inspiréis para hallar las fuentes de conocimiento que nos desvelen el profundo significado de la Vida, y no solo los mecanismos para manejar sus fenómenos.

Que podamos despertar la conciencia de que el Ser Humano necesita a los demás seres Humanos y de que la única base de la convivencia y la justicia social es el Amor y el respeto por la dignidad del otro.

Que la estrella que os preside nos permita descubrir que todos tenemos una estrella… es más, que somos una estrella, sepultada por nuestros egoísmos y mezquindades. Y que, en la medida en que cada cual la haga brillar y realice el tesoro de potencialidades que guarda, daremos brillo a nuestras vidas y pondremos un poco de felicidad en nuestro entorno.

Queridos Reyes Magos que venís de Oriente, del lugar por donde sale el Sol como anuncio de un nuevo ciclo, no os pido regalos pues se que nada podremos cosechar que no hayamos sembrado y cultivado con cariño y esmero, tan sólo os pido inspiración para despertar nuestros dones, nacidos de la misma fuente divina que vosotros.

Inspirarnos para desarrollar la Voluntad, el Amor y la Inteligencia, que como una lira de tres cuerdas nos permita cantar la sagrada Canción de la Vida.

Fdo: Miguel Angel Padilla.